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El caladero

Ciudadanos ha irrumpido como partido emergente con una imagen joven
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Los sábados de Andalucía se han convertido ya en una romería de mítines, por disputarse los titulares del domingo. Este fin de semana se cruzaban Rajoy, que repetía con la misión de salvar al soldado Juanma, y Albert Rivera en Málaga, la tierra de su madre emigrada a Cataluña. Y a distancia se escenificaba un cierto choque generacional. Mientras Rivera desenfundaba el discurso de la esperanza, que es el combustible de la juventud, el escenario del PP parecía un desfile envejecido de pret-a-porter electoral: el alcalde de Málaga apunta a los 75, Huelva septuagenario, Granada frisando los setenta, Teófila en Cádiz ha superado la edad de jubilación. Hay viajes del Imserso con una media de edad más baja. Por supuesto el problema no es la edad, sino eternizarse en los cargos: en Cádiz y Huelva veinte años ya y a por el sexto mandato, en Málaga a por el quinto, en Granada al cuarto. Pero las ideas también envejecen.

Ciudadanos ha irrumpido en los sondeos como partido emergente con una imagen joven. Aunque lejos de la escala amenazante de Podemos, ya es un grano para el sistema. De hecho, tras dos sondeos al alza, le han cortado en seco el buen rollito dispensado a los outsiders, y este fin de semana ha tenido el bautismo de fuego de las ‘panzerdivisionen’ de propaganda. Una frase suya sacada de contexto –en Andalucía no hay que repartir pescado sino enseñar a pescar– ha desatado una oleada de vestiduras rasgadas, anillos caídos, golpes de pecho y gritos en el cielo. Desde la izquierda pero también la derecha –la responsable 2.0 del PP le buscaba la boca en Twitter– han ejercido ese absurdo narcisismo complaciente de Andalucía tan refractario a la crítica. Tal vez no fuese la mejor metáfora, pero esa frase, paráfrasis de un proverbio chino, en su contexto tenía sentido sin más: no gastar en subvenciones, una solución cortoplacista sin futuro, sino invertir en formación y tejido empresarial. Como sostenía el joven líder de Ciudadanos, algo ha ido mal en una comunidad que arrastra un 30% de paro y un 40% de pobreza relativa. La verdad escuece, pero ha fracasado el partido gobernante durante tres décadas; y además ha fallado la alternancia por errores del PP, como admite su cabeza de cartel.

Contra todo ese ‘andalucismo profesional’ ofendido con retórica de Echegaray, Rivera ha capeado el temporal con buen estilo. Desde la izquierda, siempre dispuesta a repartir carnés de demócratas, lo despachan de facha; en el PP, con la sutileza de la carcunda, de catalán y anticatólico. Tras su sonrisa parece tener interiorizado el eslogan de ‘los tristes no ganan elecciones’. No vende tremendismo volcánico como Podemos, sino ilusión positiva ante al hartazgo de los partidos antirregeneracionistas (PSOE y PP). Y está pescando en sus caladeros, que es lo que de verdad les jode.

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