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El circo emprendedor

El emprendimiento habla inglés. Con sesiones y más sesiones. Con reuniones. Con personas más preocupadas por su imagen pública que por el negocio.
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Hay una expresión muy catalana que describe un carácter directo y resolutivo en la forma de encarar algo, especialmente en las relaciones laborales y empresariales. Se trata de ‘anar per feina’. En castellano sería ‘ir al grano’. Que, aunque similar, no expresa lo mismo. Hay matices entre un ‘anar per feina’ de connotaciones productivas, profesionales, y un ‘ir al grano’ con timbres extractivo-recolectores. Hablamos de semántica. Que nadie busque más. Aunque tampoco menos.

Desde que se puso en marcha la Gran Recesión (esa crisis que según el presidente del gobierno español ya «es historia», y que luego ha matizado que quizás lo sea sólo para unos pocos), el discurso del emprendimiento como fórmula mágica para escapar al desempleo y la precariedad laboral no ha parado de crecer. Ya no hablamos de ‘empresarios’. O de ‘industriales’. O de ‘botiguers’. Desde hace un tiempo, de lo que va la cosa es de ‘emprendedores’. Que vendría a ser lo mismo, pero distinto. Porque ser ‘botiguer’ es una cosa. Pero ser el creador de un modelo de negocio de venta retail validado en el mercado... eso ya suena distinto. Dónde vas a parar, que no hay color.

Y así es como se pone en marcha el circo emprendedor. Viveros, aceleradoras, incubadoras... Y business angels. Y venture capital. Y sesiones de networking, elevator pitchs y afterworks... con networking. El emprendimiento habla inglés. Con sesiones y más sesiones. Con reuniones. Con personas más preocupadas por su imagen pública que por el negocio. Personas que ya no hablan de seny, ni de rauxa, ni de roc a la faixa. Porque usan el inglés. Aunque olvidan una expresión muy anglosajona. Esa que dice que esto está muy bien pero que, al final, ‘time is money’. Es decir, ‘anem per feina’.

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