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El conflicto de Siria

No se entiende la condescendencia hacia Arabia Saudí y Catar que, de un modo u otro, financian el Estado Islámico

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El pasado martes, Javier Solana fue entrevistado en RNE y el curtido político socialista, que fue secretario general de la OTAN y Alto Representante del Consejo para la Política Exterior y la Seguridad Común de la UE, dio una visión luminosa del conflicto y de sus implicaciones para la región y para occidente. En síntesis, Solana explicó que hay en el país dos contendientes, los sunníes y los chiíes. Aquellos, capitaneados por Arabia Saudí, mantienen a su vez un conflicto interno entre los moderados y los radicales (el Estado Islámico); en el lado sunní hay ciertos actores de gran peso como Turquía. Los chiíes, liderados por Irán, sostienen a al-Assad. Rusia y Estados Unidos son actores secundarios, con un papel difuso, sobre todo después del acuerdo alcanzado entre Irán y los Estados Unidos. En este marco, la intervención directa occidental no resolvería nada: sería como si Europa pretendiera ganar una nueva Cruzada. La paz sólo llegará cuando los sunníes resuelvan su división interior, es decir, cuando la moderación gane la batalla al extremismo, y cuando sunníes y chiíes firmen la paz. Obviamente, el conflicto es todavía más complejo pero ésta es su estructura fundamental. Que no es capaz de ocultar ciertas condescendencias culposas como la que Occidente mantiene hacia Arabia Saudí y Catar, que de un modo u otro financian el Estado Islámico. En cualquier caso las consecuencias del conflicto nos afectan de pleno.

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