Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Opinion EDITORIAL

El control del gasto municipal

Los ayuntamiento piden más flexibilidad para poder invertir, pero de ningún modo se puede volver a las andadas

 

Diari de Tarragona

Whatsapp
El Ayuntamiento de Vila-seca liquidó todos sus créditos para poder invertir.

El Ayuntamiento de Vila-seca liquidó todos sus créditos para poder invertir.

Cuando estalló la crisis, los ayuntamientos fueron la administración pública que con más rigor tuvo que apretarse el cinturón por las medidas draconianas impuestas desde el Estado, unas medidas que siguen vigentes pese a que los tiempos más duros de la recesión ya se dan por superados. No obstante, sigue vigente el temor de que los gestores municipales vuelvan a las andanadas y disparen el gasto público más allá de lo razonable. Por ello Hacienda mantiene el control del gasto de los ayuntamientos, con lo que se ha podido constatar que 83 consistorios de la provincia de Tarragona incumplieron la regla de gasto durante 2018, cifra que representa el 45% del total de ayuntamientos de la demarcación. Del mismo modo, 58 municipios de Tarragona no alcanzaron los objetivos de estabilidad presupuestaria marcados por el Ministerio. La auditoria constante sobre la administración local es un buen instrumento para controlar el rumbo del gasto de los municipios, pero al mismo tiempo tampoco debería convertirse en un mecanismo de ahogo que impida realizar las mejoras necesarias. La propia auditoria del Ministerio reconoce la mejoría global y que las entidades locales presentan en general «una buena situación financiera». Llegados a este punto, los municipios reclaman una flexibilización de la norma para que, sin perder el control actual, puedan afrontar inversiones que no comprometan los indicadores de estabilidad presupuestaria sin necesidad de recurrir a medidas absolutas como hizo el Ayuntamiento de Vila-seca que liquidó todos los créditos municipales con el fin de poder realizar inversiones que consideraba prioritarias. Efectivamente los ayuntamientos no pueden renunciar a su capacidad de decisión en materia de actuaciones que redunden en beneficio de la comunidad, pero también es cierto que la experiencia avisa de los riesgos que implica abrir el grifo. La demagogia y los sueños de grandeza de algunos alcaldes son desmanes que todavía se siguen pagando. Ser flexible no debe implicar el regreso a las andadas.

Temas

Comentarios

Lea También