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El 'corralito' catalán

Te etiquetan, te tachan de colaboracionista, de anticatalán o de facha
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Meses atrás nació en Cataluña, de la mano de un grupo de intelectuales, el CLAC (Centro Libre de Arte y Cultura) con el objetivo de pelear por la Barcelona cosmopolita «de siempre». Me pareció una buena idea porque desde que se puso en marcha el proceso soberanista aquello se ha convertido en un corralito de las ideas, de la cultura, del cine, del periodismo y de la música, por citar los campos donde más se nota la nueva autocracia del territorio. Se ha secado el canal por el que fluían desde Cataluña al resto de España y en dirección inversa el diseño, la música y sus novedades fronterizas, el estilo barceloní, las ideas televisivas de una TV3 entonces menos bolivariana; además del cine y tantas cosas creativas y desprovistas del barniz ‘indepe’ que ahora lo angosta todo. Jordi Amat lo llamó: «matar a Cobi». Los voluntaristas del CLAC que no se rinden al pensamiento único, ni a la lista única, ni al pegajoso tejido social-nacional que impregna todo lo que se empapa de nacionalismo, no han logrado grandes avances, hay que reconocerlo. Los Francesc de Carreras, Marsé, Ovejero, Xavier Vidal Folch, Espada, Freixas, Goytisolo, Cercas, Ramón España, empeñados en potenciar el papel de referente cultural de Cataluña dentro de España y el reflejo de la realidad lingüística de la sociedad catalana, andan todo el día en el AVE viajando a Madrid porque al final es donde se les hace caso. Y donde cobran. Porque se niegan a entrar en el corralito nacionalistas y ya se sabe. Te etiquetan, te tachan de colaboracionista, de anticatalán, o de facha y, claro, al enemigo ni agua, ni pan. Luego todo se empobrece y se empequeñece.

¡Qué diría Terenci Moix si levantara la cabeza! Él ya tuvo las narices de escribir poco antes de su desaparición un artículo, ‘La costosa dictablanda de Pujol’, ácido y lúcido y sobre todo amargo, sin sospechar hasta dónde podrían llegar las aguas. Por lo menos, con las novelas de Vázquez Montalbán nos entreteníamos en el metro camino a la universidad en aquellos años ochenta del desencanto. Pero entre los que ahora se callan, los que han cambiado de chaqueta y los del régimen de Pujolandia, como diría Terenci, ya no pasa nada interesante en la antaño ciudad de los prodigios.

Antonio Elorza se asombraba al comprobar que prestigiosos historiadores, intelectuales, artistas, líderes de opinión se suman al cortejo que lidera Artur Mas hacia la Ítaca de Lluís Llach (¡qué decepción!). Pero así se va construyendo un corralito endogámico allá. De manera que, si en la universidad no entraba ya nadie que no fuera catalanohablante, con los resultados de esterilización que se pueden suponer, ahora todo pasa por ‘nosotros a lo nuestro’. Por eso hay que animar a los del CLAC para que no desfallezcan en su ciclópea tarea de abrir las ventanas de la cultura y las ideas y sigan intentando ventilar el corralito catalán.

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