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El corralito español

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El cinismo del Gobierno español se alía con la desmemoria que alimenta el culto a la «rabiosa actualidad», es decir, con el olvido de lo que ocurrió hace unos pocos años, o meses, o semanas, o días, y cuyos efectos siguen percutiendo, brutales, sobre el presente: se habla del corralito de Grecia, donde, en puridad, no lo hay, y se olvida el que padecieron centenares de miles de ciudadanos españoles a consecuencia de la demencial gestión gubernamental de Bankia cuando ésta fue, en mayo de 2012, nacionalizada por Rajoy.

Desde diciembre de 2011, cuando «desapareció» de súbito el ficticio mercado interno de las Preferentes, hasta el verano de 2013, cuando a los estafados con esos falsos productos de ahorro se las canjearon por acciones con una quita de hasta el 75%, las víctimas de la masiva y descomunal sustracción perpetrada por las Cajas de Ahorros agavilladas en Bankia, todas ellas controladas por el PP, las víctimas de la descabellada sirla institucional, digo, sufrieron durante esos casi dos años los rigores del corralito más extremo. Ni 60 euros al día, ni 120 los jubilados, ni transporte público gratuito para ir a denunciar el robo a los juzgados, ni el menor socorro del Gobierno, pues fue éste, dirigido en el área económica por el Luis de Guindos que hoy pretende dar lecciones, el que decidió, por salvar al banco zombi, apoderarse del ahorro popular para satisfacer a los prestamistas internacionales, los mismos que hoy acogotan a Grecia.

Pero, casi cuatro años después de que los tenedores de los falsos depósitos de ahorro descubrieran que eran cromos sin valor, aún los hay, y muchos, que no han logrado salir del corralito, pues sus demandas de nulidad se eternizan en los saturados tribunales y, entre tanto, no pueden vender las acciones que les dieron para no dañar los fundamentos de sus propias demandas. En Grecia, pese al drama que vive, no hay corralito. En España, sí. Todavía.

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