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El cortafuegos del Rey

No fue una anécdota que la Reina guardara en el cajón la alianza de brillantes tallados
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Felipe VI hizo lo que tenía que hacer. Montó un eficaz cortafuegos para que el incendio provocado por Iñaki Urdangarin no le quemara el bosque. Fue doloroso para su familia, pero la Monarquía estaba en juego y apostó por la ruptura.

El entonces Príncipe construyó una vereda muy ancha para evitar la propagación de las llamas. A partir de ese momento: Tolerancia cero con su cuñado. Para, llevar adelante la iniciativa, contó con la lucidez, el sentido común y la determinación de poner pie en pared, de su esposa Letizia Ortiz; una mujer de envergadura y con las ideas claras.

No fue una anécdota que la Reina guardara en el cajón la alianza de brillantes tallados en Baguette que le regaló su novio cuando la petición de mano. ¿Por qué? Porque, la había comprado Urdangarin por encargo en una famosa joyería de Barcelona.

Las comparaciones pueden ser odiosas. Pero es difícil imaginar que al rey Felipe VI le pudiera acompañar ahora en sus nobles empeños, una dulce princesa centroeuropea… Hizo bien en elegir a su actual compañera.

En la actualidad, la Monarquía española es un problema únicamente para el 0,3% de la población. No es que España se haya levantado monárquica. Pero el buen hacer de los Reyes alienta la búsqueda de fórmulas manifiestamente mejorables.

El abogado de Diego Torres, socio de Urdangarin, insiste en su defensa en un argumento envenenado: Como la Casa del Rey, a través de Carlos García Revenga, asesor y secretario de las Infantas, conoció y amparó los negocios del Instituto Nóos, éstos lógicamente «tenían que ser legales».

La Audiencia de Palma decidirá en su día si lo fueron o no. Pero será difícil borrar de la memoria colectiva que desde la Zarzuela se amparó tanto desmán.

Poco después de que la infanta Elena, comprara una pequeña empresa de asesoramiento, Global Cinoscéfalos, para incrementar sus ingresos personales, la sociedad se disolvió por una orden tajante del rey Juan Carlos. Según el Registro Mercantil, García Revenga, era el administrador y Elena de Borbón, la única socia. El invento duró menos que un caramelo a la puerta del colegio. ¿Por qué tanta manga ancha con su otra hija Cristina? ¿Tampoco se enteraba de las trapisondas de su marido, como la exministra Ana Mato?

La defensa de Cristina de Borbón, socia junto a Iñaki en la empresa familiar Aizoon, subraya que de estos temas no se enteraba en absoluto. Un argumento jurídicamente potente, pero demoledor en lo personal, cuando la defendida no es ninguna ignorante. El abogado de Torres propone, por otra parte, que comparezca en el juicio oral la Familia Real casi al completo. Veremos cuál será la respuesta. Pero, en líneas generales, convendría que acudiera una buena representación. Lo demás sería dar más cuartos al pregonero.

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