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El declive de CDC en Tarragona

Octavi Saumell

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Las elecciones generales celebradas el pasado domingo han vuelto a poner de relieve la lenta agonía que está sufriendo Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) en la provincia de Tarragona y, concretamente, en la capital. La formación soberanista ha sido la quinta fuerza de la demarcación y la sexta en la ciudad de Tarragona. Se tratan de unas cifras preocupantes, que muestran la urgencia para que la formación lleve a cabo una profunda renovación a lo largo del próximo verano para frenar la sangría de votos que ha perdido durante los últimos años.

Especialmente significativos son los registros en la capital, donde CDCha sumado escasamente el 9,31% de los sufragios. Desde la marcha de Joan Miquel Nadal, los convergentes no levantan cabeza. Primero se quemó a Joan Aregio, luego se apartó de malas maneras a Victòria Forns y los malos resultados de las últimas elecciones no permiten presagiar un liderazgo demasiado largo para Albert Abelló.

Muchas son las dudas que despierta la formación presidida por Josep Maria Cruset en el Camp de Tarragona. A día de hoy, con cuatro años ya de proceso soberanista, es incomprensible que aún haya alcaldes convergentes que no apoyen que sus ayuntamientos se incorporen a la Associació de Municipis per la Independència (AMI) o que en la Diputació de Tarragona se haya optado por un pacto con el PSC en detrimento de ERC. La esperada refundación deberá definir todo esto para poder recuperar algún día el voto de los independentistas convencidos.

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