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Opinion EDITORIAL

El derecho a la vivienda, siempre en vilo

Los desahucios por el impago de hipotecas se han convertido en lanzamientos por morosidad en el alquiler.

 

Diari de Tarragona

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La vivienda es uno de los derechos que la Constitución otorga a todos los ciudadanos, pero más allá del reconocimiento legal de un bien tan esencial, son las leyes del mercado las que determinan el grado de cumplimiento del precepto constitucional. Y en esta materia no ganamos para sobresaltos. Cuando todavía no nos hemos recuperado en su totalidad de los desperfectos sociales que provocó el boom inmobiliario, estamos en trance de padecer el mismo mal por otro desequilibrio en el mercado del alquiler. En estos momentos en Tarragona la mayoría de los desahucios no se producen por el impago de la hipoteca sino por la morosidad en los alquileres. El mayor rigor bancario a la hora de conceder préstamos hipotecarios ha desplazado la demanda que antes iba a la compra de pisos hacia el mercado de alquiler. Atrás quedaron aquellos tiempos en los que la hipoteca soportaba la compra del piso, de los muebles y en algunos casos quedaba incluso para irse de vacaciones a celebrarlo. Aquello quedó atrás y actualmente el mercado de la adquisición de vivienda con apoyo hipotecario ha regresado a la prudencia original. En cambio se ha desequilibrado el mercado de alquiler. Los expertos recomiendan que el presupuesto destinado a sufragar la cuota mensual de la residencia no debe superar el 30% de los ingresos de la unidad familiar. No todo el mundo cumple este precepto por lo que las incidencias por impago se han escorado hacia este sector. No han crecido los desahucios en cifras absolutas. Se han desplazado de segmento.
Pese a ello el problema del desequilibrio que provoca el lanzamiento de familias de su lugar de residencia sigue siendo el mismo. Romper el círculo vicioso que causan los desequilibrios del mercado es la clave. El inversor que pone pisos en alquiler quiere garantías de cobro. Si no los hay, se retrae la oferta del mercado y sube el precio, con lo que aumentan los que no pueden pagar y, en consecuencia, suben los desahucios. La ausencia de políticas de vivienda no ayuda al necesario equilibrio.

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