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El desgaste de Catalunya

Àngel Juanpere

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Nadie –o muy pocos– se podrían haber imaginado cuando depositaron su papeleta en la urna el pasado 27 de septiembre que a principios del año siguiente Catalunya estaría sin patrón –utilizando el argot marinero que tanto le gusta a Artur Mas–. Hay vientos opuestos que hacen que la nave siga a la deriva, ante la desesperación de muchos, mientras otros –algunos ya mareados– se frotan las manos al ver dicho percal.

Siempre se ha criticado la falta de participación de los ciudadanos en muchas de las decisiones importantes que toman los políticos. Lo digo por aquello de ir a votar, que hagan lo que quieran y hasta dentro de cuatro años. La CUP hace unos años entró en escena con una nueva visión de la política. No es sólo tirar un zapato a algún impresentable politiquillo imputado, sino toda una filosofía de ideas y también del qué hacer.

Pero cuando comenzaron las conversaciones entre la CUP y JxS, la cosa estaba abocada al fracaso. Los primeros no querían que el presidente fuera Artur Más, los segundos que éste era su candidato. Han tenido que pasar tres meses para ver que esta pareja de conveniencia no es viable. En toda cuestión, la negociación es importante, pero lo que no puede ser es eternizar la agonía de unas conversaciones que se veían que no iban a ningún sitio. Llegar a un acuerdo hubiera sido ideal para que Catalunya no tuviera que volver a ir a votar. Y con ello no estoy dando la culpa a la CUP, como hacen muchos. Si unas negociaciones no cuajan, la responsabilidad hay que repartirla. Por ahora, la más perjudicada de esta situación es Catalunya.

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