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El destino de las ayudas europeas

La partida debe aplicarse no a recuperar la vieja economía prepandemia, sino a saltar al escenario nuevo de la pospandemia

Diari de Tarragona

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El Gobierno ha comenzado estos días a desgranar cómo utilizará la ayuda de 70.000 millones de euros que llegarán sin coste de Bruselas (la partida es de 140.000, la mitad de ellos en créditos a muy largo plazo). El Plan ‘España puede’ está integrado por 212 medidas –110 de inversión y 102 de reformas– que pueden agruparse así: cuatro ejes de transformación que vertebrarán todos los proyectos (transformación digital, transformación ecológica, cohesión territorial e igualdad de género), diez políticas palanca sobre las que actuar y 30 componentes concretos en los que se harán inversiones y reformas.

La partida de créditos Next Generation ha de aplicarse no a recuperar la vieja economía prepandemia, sino a saltar al escenario nuevo de la pospandemia, sobre presupuestos distintos y tras dejar el lastre de lo inservible (es evidente que este planteamiento dejará muertos y heridos en el camino, y por ello será necesario incrementar las políticas sociales, pero no es descabellado aprovechar la crisis para prescindir de lo ineficiente). En resumidas cuentas, con ese dinero «para la reconstrucción y resiliencia» hay que realizar la modernización del país, sin perjuicio de que las políticas concretas mejoren los deficientes servicios públicos de forma sistemática –es patente, por ejemplo, que habrá que concebir la sanidad de otra manera y anotar partidas de gastos corrientes más generosas a tal fin–. Y esa modernización habrá de pivotar sobre el proyecto común europeo, articulada como ha quedado descrito en torno a los tres conocidos vectores; descarbonización, digitalización, formación.

La sociedad civil deberá ahora competir para invertir estos recursos de la forma más adecuada, con la supervisión y garantía del buen fin de los mismos por parte del Estado, que deberá actuar con absoluta transparencia. Tiene razón Sánchez cuando dice que estamos ante una oportunidad comparable al ingreso de España en la Unión Europea, pero el reto es hercúleo y todo el sistema productivo español quedará puesto a prueba. Ojalá demos la talla.

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