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El diablo en el INEM

El partido gobernante ha impuesto la consigna del fin de la crisis durante el año electoral
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Pues claro que hay que celebrar que, por primera vez en siete años, se haya creado empleo. Eso va de suyo. Pero descorchado el champagne de los grandes titulares – cada parado menos es una buena noticia, y 253.627 son 253.627 buenas noticias- los análisis con lupa resultan más sombríos. Como suelen decir los anglosajones, el diablo está en los detalles. Un veterano de la política andaluza, que en los últimos años ha llevado su escepticismo de UPyD a Ganemos, escribía en Twitter: “Mi sobrina es uno de los 23.964 empleos creados en Andalucía en 2014; con un contrato de 4 horas semanales, sigue siendo pobre”. Esa es la paradoja tras el tachintachán: lo que en las estadísticas es un rutilante puesto de trabajo, en la realidad puede consistir en ser pobre sin más. Los datos de afiliación carecen de sintonía fina, pero apenas ocho de cada cien contratos es indefinido -sí, ocho de cien- y la temporalidad es la metástasis de ese tumor: casi la mitad de esos contratos apenas dura un mes, y dos tercios ni siquiera a jornada completa sino por horas. Así que hay más empleo, pero menos tiempo trabajado. Este país desde hace años bajo el terror al paro -aunque Guindos lleve el agitprop hasta proclamar que eso se acabó, enésimo eslogan de los mundos de Yuppi- ha descubierto también el miedo a la precariedad.

El partido gobernante ha impuesto la consigna del fin de la crisis durante el año electoral, para percutir con ese mantra como en la tamborrada de Calanda, una vez, y otra, y otra, poniendo ahí los focos como Buñuel hasta el éxtasis de ese sonido único. Es lógico, y sobre todo si tienes 253.627 parados menos. Pero después están los matices. De hecho la expresión ‘the devil remains in the details’ apela a ‘poner atención a los detalles’. En España todavía hay medio millón de empleados menos que al desembarcar Rajoy en la Moncloa. El presidente ha reclamado a los suyos acabar la legislatura al menos a la par, aunque sea a golpe estadístico de microempleos precarios. Así está el listón: convertir en un éxito igualar el peor dato de ZP, y además así. Pero ése es el reto, aunque el servicio de propaganda de TVE proyecte gráficos gloriosos, con indicadores priápicos que ni Nacho Vidal en su esplendor. Pero de aquí a las elecciones todo va a ser retórica del triunfalismo. A decir verdad siempre existe una brecha entre ‘la realidad oficial’ y ‘la realidad real’, pero el riesgo es tensar esto hasta el ridículo. Mientras Génova lanza su campaña del “despegue definitivo”, “la crisis es Historia”, “las Navidades de la recuperación”, el CIS oficial dice que abajo no cuela. El empleo es un dato esencial, pero no basta cuando detrás de ese dato está surgiendo una nueva clase precaria. A la espera de la EPA, el indicador internacional, con más de cinco millones; sin duda el diablo está en los detalles.

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