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Opinion EDITORIAL

El drama de la emigración

La mejor manera de regular la emigración es ayudar a los países subdesarrollados. Nadie emigra por capricho

Diari de Tarragona

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Inmigrantes a la espera de ser desembarcados en Sicilia. EFE

Inmigrantes a la espera de ser desembarcados en Sicilia. EFE

Dos episodios, en dos lugares distantes del mundo, han descarnado de nuevo el drama de la emigración y han puesto en evidencia la incapacidad de los países desarrollados para hacer frente a un problema humano, pero también un problema crónico que no tendrá solución ni levantando muros ni prohibiendo el desembarco de náufragos exhaustos. Por una parte, la política de Estados Unidos de separar a los niños de las familias que intentan entrar en el país de forma ilegal ha desatado una enorme indignación entre los propios norteamericanos. Esta práctica inhumana nos ha retrotraído a los tiempos crueles de la Alemania nazi. Niños encerrados en una especie de jaulas mientras los policías de frontera deportan a sus progenitores. Las imágenes irresistibles han obligado al presidente Trump (por presiones de su propia esposa) a anunciar una disposición que impida esta práctica. En Europa el buque humanitario ‘Aquarius’, de la ONG SOS Méditerranée con apoyo de Médicos Sin Fronteras, zarpaba del puerto de Valencia, camino del Mediterráneo central, a aguas internacionales frente a la costa de Libia y Sicilia, para continuar con sus labores de rescate y salvamento en el mar. También partieron las otras dos embarcaciones de la armada italiana, el Dattilo y el Orione, que junto al barco de la organización humanitaria francesa trasladaron a Valencia a los 630 inmigrantes rescatados de aguas libias. La tripulación del Aquarius prevé que se les va a necesitar más que nunca. Con la entrada del verano se multiplicarán las pateras repletas de emigrantes que buscan en Europa la tierra prometida. Se ha criticado la política de brazos abiertos con el argumento que refuerza el efecto llamada y anima a los más indecisos a jugársela en aras a una vida mejor. Siempre deben estar por delante las razones humanitarias. El problema social debe abordarse con actuaciones en los países subdesarrollados. La gente no emigra por capricho, y mucho menos se juega la vida alegremente. La mejor manera de regular la emigración es impedir que sea necesaria.

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