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El eclipse del 20-M

El eclipse solar constituirá una buena prueba para los operadores europeos de los sistemas de electricidad
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Es posible que el encabezamiento de este artículo induzca a confusión a mis estimados lectores. No es mi deseo confundir, pues me estoy refiriendo a un eclipse astronómico solar que tendrá lugar hoy 20 de marzo. No voy a tratar, pues, de eclipses políticos que, obviamente, también los hay y darían lugar actualmente, sin duda alguna, a un buen e interesante debate.

En un eclipse solar total desde una franja o banda de totalidad en la superficie de nuestro planeta, la luna cubre totalmente el sol. Fuera de la franja el eclipse es parcial. Un eclipse total resulta visible para los observadores situados en la tierra que se encuentren dentro del cono de sombra lunar, cuyo diámetro máximo sobre la superficie de nuestro planeta no superará los 270 kilómetros y que se desplaza en dirección este a una velocidad de 3.200 kilómetros por hora. La duración de la fase de totalidad puede durar varios minutos, entre 2 y 7 y medio, alcanzando algo más de las dos horas todo el fenómeno, si bien en los eclipses anulares la máxima duración alcanza los 12 minutos y llega a más de las cuatro horas en los parciales, teniendo esta zona de totalidad una anchura máxima de 272 kilómetros y una longitud máxima de 15.000 kilómetros.

Los eclipses, históricamente, siempre hay tenido mucho de superstición y existen numerosas referencias históricas de este tipo de fenómenos en distintas épocas y culturas. Así constan documentados eclipses en el año 709 a.C., en China o en Babilonia. El eclipse solar más antiguo del que existe constancia sucedió en China el 22 de octubre del año 2137 a.C. y, al parecer, costó la vida de los astrónomos reales Hsi y Ho, los cuales no supieron predecirlo a tiempo.

En la zona eclipsada de la tierra la falta de radiación solar produce una serie de fenómenos objetivos, como disminución de la temperatura o vientos por la diferencia de temperaturas con la zona no eclipsada. Según teorías recientes, se cree que estos efectos locales están directamente relacionados con el efecto Allais, consistente en la inexplicable variación del período del péndulo de Foucault durante el eclipse solar.

El eclipse solar que tendrá lugar el próximo 20 de marzo tendrá una magnitud de 1045. La mayor duración de la totalidad será de 2 minutos y 47 segundos frente a la costa de las islas Feroe. El eclipse se podrá ver desde Europa y en diferentes grados de parcialidad según la latitud geográfica. Desde Islandia y Escandinavia será prácticamente total. El eclipse empezará a las 8,40 am del viernes 20 de marzo y terminará a las 12,50 pm (hora central europea). En España lo veremos de forma parcial y el mejor lugar será el noroeste peninsular.

El eclipse solar constituirá una buena prueba para los operadores europeos de los sistemas de electricidad y la flexibilidad del suministro eléctrico de Europa, habida cuenta de la incidencia actual de la energía solar. Según los directivos de la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E, por sus siglas en inglés), el eclipse del 20 de marzo será un test sin precedentes para el sistema eléctrico en Europa.

La energía solar suponía tan solo el 0,1 por ciento de la electricidad producida en Europa, a través de fuentes renovables, cuando tuvo lugar el último eclipse solar que afectó a Europa en el año 1999. Desde entonces, la generación de la energía solar ha aumentado considerablemente hasta más del 10 por ciento, debido a las políticas subvencionistas, inicialmente con sustanciosas primas y luego no tanto, a las energías verdes, para cumplir los ambiciosos objetivos de la Unión Europea (UE) sobre fuentes renovables. El eclipse podría tener un efecto mayor en países como Alemania, que actualmente obtienen más de una cuarta parte de su electricidad de generadores renovables y que, al igual que otros Estados miembros de la UE, está conectada a los sistemas eléctricos de países vecinos. En España acabamos de inaugurar la interconexión eléctrica con Francia, aunque simbólicamente dado que todavía no es operativa. Esperemos, pues, no quedarnos a oscuras por los desequilibrios que puedan originarse en el sistema eléctrico. Con toda probabilidad, habrá que recurrir al carbón, el gas y los generadores de energía hidroeléctrica para garantizar el equilibrio en el sistema.

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