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El enemigo común

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La gran coalición internacional contra el Estado Islámico, propugnada el lunes por el presidente ruso, Vladímir Putin, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, según el modelo, aseguró, de la formada contra Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, parece que tendrá que esperar. Putin y su homólogo estadounidense, Barack Obama, se reunieron por fin después de meses de desencuentro, pero no pudieron ponerse de acuerdo para combatir juntos a los yihadistas que han declarado el califato en gran parte del territorio de Irak y Siria debido a las discrepancias sobre el papel que deberá jugar Bashar el-Asad. Washington exige que, antes de que se proceda a crear esa gran alianza con la participación de Rusia e Irán, hay que abordar una negociación sobre el futuro político de Siria que, según Obama, deberá excluir al actual dictador de Damasco. Sin embargo, Putin considera a El-Asad «imprescindible» porque teme, entre otras circunstancias, que su desaparición deje a Rusia descolgada y la haga perder toda su influencia en la Oriente Medio. Así que, de momento, cada uno actuará por su lado al frente de alianzas multinacionales separadas. El ministro de Exteriores de Putin, Serguéi Lavrov, aclaró que una «coalición clásica» con un «mando conjunto» queda por ahora «descartada». La intervención rusa en Siria pone en duda estas intenciones porque, según teme Estados Unidos, con el argumento del enemigo común afianzan el régimen sirio.

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