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El error del concejal

El concejal de Urbanismo de Tarragona, Xavi Puig, se halla en el ojo del huracán después de haber participado en una fiesta donde, al parecer, se juntaron 15 personas

ÁLEX SALDAÑA

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ÁLEX SALDAÑA

ÁLEX SALDAÑA

El concejal de Urbanismo de Tarragona, Xavi Puig, se halla en el ojo del huracán después de haber participado el fin de semana en una fiesta que incumplía las normas dictadas por la Generalitat para luchar contra la proliferación del coronavirus. En concreto, se trataba de la boda de su mejor amigo, que él mismo ofició y donde, al parecer, se juntaron 15 personas en una finca de El Catllar. En un gesto que le honra, Puig admitió públicamente su error y puso su cargo a disposición del alcalde. La noticia ha provocado una gran convulsión en el Ayuntamiento capitalino, no en vano Xavi Puig es uno de los ediles más trabajadores y eficientes de cuantos conforman el equipo de gobierno. Se puede alegar que su error es muy humano. Y seguramente es hasta entendible. Pero en los tiempos tan extraños y difíciles que nos está tocando vivir es, como mínimo, censurable. Porque cuando los políticos toman decisiones tan drásticas como el cierre de bares y restaurantes, que afecta gravemente la economía de miles de familias; cuando exigen que no se reúnan más de seis personas y que éstas, a ser posible, pertenezcan a la burbuja de convivencia, lo que reduce los encuentros con familiares y amigos; cuando se recomienda no salir de casa si no es imprescindible… Cuando se piden tantos esfuerzos y sacrificios a la ciudadanía y teniendo en cuenta que el Ayuntamiento de Tarragona ha sido especialmente escrupuloso en las restricciones, yendo incluso más allá que la Generalitat –recordemos la prohibición de las competiciones deportivas y ahora el cierre de la cultura–, lo que uno espera de los políticos de los que emanan esas normas es al menos que prediquen con el ejemplo.

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