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El escándalo Rato

La noticia de que el que fuera nada menos que ministro de Economía y Hacienda se acogió a la amnistía fiscal es un escándalo

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La noticia ha herido la sensibilidad de la ciudadanía, que ha pasado de la perplejidad a la indignación: el antiguo vicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato, exministro de Economía y Hacienda con Aznar, se acogió a la regularización fiscal de 2012. Por añadidura, el exministro, que pudo haber llegado incluso a la presidencia del Gobierno si el dedo de Aznar hubiera señalado en otra dirección, estaría siendo investigado por blanqueo de capitales. La imagen de este personaje, que en un cierto momento pareció poseer unas cualidades excepcionales y mereció la confianza de mucha gente, comenzó a derrumbarse al abandonar caprichosamente en un rapto de frivolidad el cargo de director gerente del Fondo Monetario Internacional, un puesto de gran alcance al que accedió no sólo por méritos propios sino también gracias al esfuerzo de todo el aparato del Estado. Más tarde, la aventura de Bankia, con el corolario de las tarjetas black, terminó de demoler su estatura profesional, ya muy deteriorada. Y ahora, la noticia de que se ha acogido a la amnistía fiscal alcanza proporciones de verdadero escándalo. El Gobierno ha optado por no comentar el asunto, alegando su obligación de confidencialidad en cuestiones fiscales. Debe ser una obligación sobrevenida porque no se ha ejercido cuando los señalados eran Jordi Pujol y su familia. El uso de diferentes varas de medir constituye una arbitrariedad incompatible con la democracia.

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