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El esperpéntico caso del Fortí de la Reina

El Fortí de la Reina puede volver a albergar un restaurante como el que se ordenó derribar. Son cosas que pasan en Tarragona.

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Habría que hurgar mucho en la historia universal de la disciplina urbanística para encontrar un caso que se acerque mínimamente  al grado de esperpento que ha alcanzado el caso del Fortí de la Reina. Después de un cuarto de siglo de litigios, el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya ha desestimado la petición del propietario del Fortí que reclamaba al Ayuntamiento de Tarragona 18 millones de euros de indemnización por los daños causados por el derribo del restaurante. Esta sentencia pone punto final a la batalla librada en los tribunales, pero no pasa página de la polémica que suscita el Fortí de la Reina. Su propietario tiene in mente reconstruir el restaurante, esta vez con la seguridad de que la calificación urbanística de la zona permite un equipamiento de esta índole, siempre que no se altere el monumento y se respete el entorno. La mayoría de grupos del Ayuntamiento ven bien que el Fortí recupere un servicio de hostelería que fue referente turístico de la ciudad en su día. Si así sucediera, el esperpento sería aún más gozoso y ratificaría que hay cosas que sólo pueden suceder en Tarragona. Se ordena el derribo de una construcción a la que se otorgó licencia de forma incorrecta porque contravenía el ordenamiento urbanístico. No hay arreglo posible y se derriba la construcción. Se cambia el ordenamiento urbanístico y ahora se puede levantar aquello que se ordenó derribar. ¿Alguien puede idear algo más inverosímil?

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