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El estado totalitario y la pandemia

Nunca había observado en los últimos años tan pocas esteladas colgadas de los balcones como este año. Quizás la pandemia ha hecho resucitar el ‘seny’ que ha guiado Catalunya y que tan buenos resultados nos dio
 

Pere Lluis Huguet Tous

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Pere Lluis Huguet Tous

Pere Lluis Huguet Tous

Han pasado ya unos días de la Diada del 11 de septiembre y estamos a la espera de la Sentencia del Tribunal Supremo sobre el recurso interpuesto por el Presidente Torra a la sentencia que lo inhabilita, tal vez esta pausa sea un buen momento para reflexionar

La pasada Diada, en su mensaje institucional, el presidente de la Generalitat tildó al Estado Español de autoritario y vengativo, para seguir pidiendo, nada más y nada menos, que el Rey Felipe VI y Pedro Sánchez, pidan disculpas por el asesinato de Lluís Companys. Puestos a pedir disculpas podía haber pedido también que se disculparan por el asesinato del General Prim, Catalán ilustre que fue asesinado, según las malas lenguas, por órdenes del Duque de Montpansier, casado con una Borbón, y ello con el fin de retornar a los Borbones al trono de España.

Al día siguiente, Puigdemont siguió con el guion y comparó la España actual con los Estados Autoritarios del siglo XX, hablando claro, nos comparó con la Alemania Nazi, la Italia de Mussolini, o la España de Franco. Por supuesto, todos nos dimos cuenta inmediatamente, que la realidad de la España actual es comparable con los regímenes autoritarios señalados, por eso el mensaje del presidente de la Generalitat se hizo desde la clandestinidad, y no fue retransmitido por una televisión pública bajo su control, que nos cuesta un ojo de la cara a todos los catalanes, ni fueron retransmitidas en directo las clandestinas manifestaciones organizadas por dos organizaciones también clandestinas para exigir la independencia, ni tampoco el presidente cobra casi 150.000.- euros anuales de ese Estado opresor, ni tampoco dispone de una guardia personal de la policía de la Generalitat para su seguridad, y, por supuesto, no hay un parlamento con representantes elegidos por el pueblo por sufragio libre, directo y secreto. Efectivamente, como podemos comprobar, España es un estado opresor. Sarcasmos aparte, las dos intervenciones señaladas, junto con lo ocurrido este 11 de septiembre, hace que sospeche que los políticos independentistas han perdido la visión de la realidad. Son incapaces de asumir la grave situación de Cataluña este 2020, siguen sin asumir que mueren cada día ciudadanos víctimas de una pandemia que a corto plazo no tiene solución alguna.

Es sorprendente y triste que, ante la situación actual, el presidente de la Generalitat haya perdido un solo minuto del mensaje institucional en hablar de perdones por el asesinato de Lluís Companys, ocurrido hace ochenta años, cuando lo grave está sucediendo ahora mismo en nuestros hospitales, en nuestros colegios, y en nuestra economía. Es sorprendente y triste que se prohíban las reuniones de más de diez personas pero se autoricen las manifestaciones de la ANC y Ómnium del 11 de septiembre, y ello cuando incluso a los funerales no pueden asistir todos los familiares y amigos a despedir a quien ha fallecido porque está restringida la capacidad de las iglesias y de los tanatorios, y sobretodo porque los ciudadanos lo asumen con resignación en pro de la salud pública. Sinceramente, me da la sensación de que han perdido el norte, que han perdido la decencia y la dignidad, que son incapaces de ver más allá de su agonizante procés.

Sin embargo, otra sensación me invade después de ver lo ocurrido esta Diada y, aunque pueda estar equivocado, se la expondré. Para mí que los ciudadanos, incluso quienes se sienten profundamente independentistas, están abandonado esa búsqueda de la tensión permanente, que ya no siguen a pies juntillas las soflamas incendiarias de algunos líderes independentistas. La poca participación en las manifestaciones quizás pueda ser prueba de ello junto con el miedo al coronavirus, pero por otro lado, nunca había observado en los últimos años tan pocas esteladas colgadas de los balcones como este año. Quizás algo esté cambiando, quizás la pandemia ha hecho resucitar el seny que ha guiado Catalunya y que tan buenos resultados nos dio. Y creo, además que ello es la causa de que se esté abriendo una brecha cada vez mayor entre los políticos catalanes y la sociedad.

Son tiempos extraños, no sabemos ni cuándo ni cómo saldremos de ésta, pero sí sabemos que nuestra prioridad debe ser salvar vidas, y después salvar la economía para seguir disfrutando de nuestra sociedad del bienestar. Para conseguirlo requerimos de líderes con altura de miras, que prioricen las necesidades sociales a las propias, que su objetivo sea ahora salvar vidas, y no cómo se reaccionará a una sentencia del Supremo; porque, mientras discutimos esa reacción, siguen muriendo catalanes en los hospitales. Necesitamos con urgencia una nueva clase política que, sin renunciar a nada, sepa que en este momento lo que se precisa es un gran pacto entre todos para levantar el país. Y para ello hace falta que desparezcan los incendiarios, los líderes mesiánicos, los que son incapaces de respetar las reglas del juego democrático, los que solo buscan mantener la tensión para obtener un rédito electoral; porque, tengámoslo claro, ese fue el único fin de los dos discursos del 11 de septiembre, el de Torra y el de Puigdemont.

Porque si no mantienen la tensión, si no siguen acusando a España de cualquier cuestión por increíble que sea, con el fin de seguir generando un enemigo común a combatir, quizás algunos de sus seguidores se den cuenta de su nefasta gestión en los últimos años, y de su nefasta gestión de la pandemia. Rápidamente se nos han olvidado los discursos incendiarios de Torra contra el estado de alarma, se insinuó incluso que el no confinamiento de Madrid había traído el virus a Cataluña, y se reiteró que si la gestión hubiera sido de la Generalitat no habría habido tantos muertos. Pero ahora, cuando es su competencia, y cuando Cataluña, junto con Madrid, lidera el número de contagios, su prioridad es el perdón por la muerte de Lluís Companys, o la reacción a la sentencia del Tribunal Supremo.

A estas alturas, solo espero que tarde o temprano se celebren las elecciones y que los ciudadanos de Cataluña tengan el buen juicio de traernos nuevos líderes que nos permitan avanzar en esta grave crisis, y a los actuales ya los juzgará la historia.

Pere Lluis Huguet Tous. Fue decano del Col·legi d’Advocats de Reus durante trece años, hasta 2016. Expresidente del Consejo de la Abogacía catalana. Es concejal de Ciutadans en el Ayuntamiento de Salou

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