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El festival de cine más pequeñito del mundo

Ascaso no se parece a la Mostra de Venecia, ni al Festival de Donosti, ni al de Cannes. Es mejor

ÁNGEL PÉREZ GIMÉNEZ

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ÁNGEL PÉREZ GIMÉNEZ

ÁNGEL PÉREZ GIMÉNEZ

¡Hola vecinos! Ascaso es una aldea del pirineo aragonés con siete habitantes censados. Siete. La Diputación Provincial de Huesca ha aprobado una partida presupuestaria para la instalación de una central fotovoltaica que facilite la llegada de la luz hasta allí, acontecimiento histórico que se dará más o menos a finales del presente año. Quiere esto decir que, en tanto el luminoso milagro no ocurra, los siete vecinos de Ascaso se mueven por su aldea a trompicones cuando cae la noche. La complejidad de la vida en ‘el Aragón vaciadísmo’ no acaba ahí. Los problemas de estos núcleos alcanzan al suministro de agua, a la atención en materia sanitaria, a Internet y, en ocasiones, incluso a que el cura pueda llegar por la pista de acceso a oficiar la misa de los domingos y repartir siete hostias contadas… salvo que entre los censados haya algún sindiós y sean menos hostias.

A pesar de todo lo anterior, Ascaso celebra desde hace diez años un Festival de Cine. Con un par. Es el festival de cine más pequeñito del mundo. 

Ni en 2020 pudo con él la pandemia. En la pared de piedra de una casa se coloca la pantalla. Y, en un prado, se reparten las sillas para los asistentes. No hay alfombra roja, no hay photocall, no hay modelazos exclusivos, joyas, ni etiqueta. Se puede ir en camiseta de «Desgüaces Abelardo», pantalón corto y cangrejeras. Nadie te va a mirar mal. El glamur reside en la aldea, la noche, el prado, los grillos, el monte y las estrellas del firmamento.

La muestra de cine, el micro Festival de Ascaso, comenzará el 31 de agosto y cerrará con la ‘gala’ de clausura, el 4 de setiembre. Como principal invitado, se va a contar con el director del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, José Luis Rebordinos. El de Ascaso también es internacional: hay pelis españolas, francesas, italianas, estadounidenses y un clásico, Dersu Urzala, de Akira Kurosawa. En el programa de las jornadas, un espectáculo de luz y sonido, cinco largometrajes, cuatro cortos, un concierto de La Ronda de Boltaña y la entrega del premio Ascaso 2021.

Ascaso no se parece a la Mostra de Venecia, ni al Festival de Donosti, ni al de Cannes. Es mejor. En el reciente Festival de Cannes se llevó la ‘Palma Oro’ el film Titane, de Julia Ducournau. Va, entre otras cosas, de una muchacha que practica la «mecanofilia» (tendencia a mantener relaciones sexuales con automóviles; no se explicita la marca concreta. Lo mismo puede ser un Dacia Sandero, un Kia Picanto o un Mitsubishi Pajero). A mí la mecanofilia, como si te lo haces con una retroexcavadora, allá tú. Pero es que en Titane la muchacha acaba embarazada de un coche y tiene un bebé de titanio. Venga, sí, el cine es ficción, pero hay ficciones que resultan un truño.

El veterano crítico cinematográfico de El País, Carlos Boyero, aseguró que la película es «espantosa e indescriptible» y que, se acabó, no piensa volver jamás al Festival de Cannes, que está ya «muy mayor para estas movidas». Se comprende perfectamente al señor Boyero. Podrá cambiar Cannes y sus playas por Ascaso y sus montes, que están más cerca y hay mucha menos tontería.

Los acontecimientos grandes en sitios pequeños son tan interesantes y atractivos como los acontecimientos pequeños en sitios grandes. A Ascaso le está cambiando la vida una gran idea, un gran trabajo de diez años en un espacio pequeño de siete vecinos sin suministro de luz en pleno siglo XXI. 

Como gente cercana, culta, sensible, con vuestro indiscutible seny y aficionada al cine sea en una sala o al raso bajo las estrellas, os animo a conocer ese algo grande y pequeño a la vez que sucede en las tierras de al lado, en Aragón, en Ascaso. Ese algo que, a la postre, es único.

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  • Cartas de un puma
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