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El fiasco de los contenedores soterrados

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El sistema de contenedores soterrados de Tarragona acumula críticas de los ciudadanos. Después de un razonable tiempo de experiencia, la realidad ha demostrado que los inconvenientes superan a las ventajas. Con el paso del tiempo, los contenedores subterráneos se han convertido en depósitos de suciedad permanente, en focos insalubres que multiplican su fetidez durante el verano. Su ubicación dificulta, cuando no imposibilita la limpieza. El sistema de seguridad y el tamaño de las bocas provoca que muchos vecinos acaben por abandonar las bolsas de basura en el exterior. En algunos casos han proliferado verdaderos vertederos junto a los contenedores. En definitiva, de aquellas perspectivas que anunciaban un sistema de recogida de basuras limpio, cómodo, perfectamente integrado y muy higiénico no se ha cumplido prácticamente ninguna. Evidentemente no es un problema de Tarragona. Ocurre en todas las ciudades que apostaron por este método. Algunas de ellas han decidido dar marcha atrás, como en el caso de Granollers, Mataró o Ripoll. La ciudad de Tarragona tiene en servicio 247 islas de contenedores soterrados, con lo que proceder a su sustitución sin cumplir un mínimo plazo de amortización significaría un coste muy gravoso. Al menos cabe esperar que se aprenda la lección. No siempre ser pioneros acarrea ventajas. En materias domésticas la prudencia de observar al vecino ahorra muchos disgustos.

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