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El fútbol, en la cárcel

El fútbol necesita con urgencia una regeneración que le devuelva sus valores
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Que la corrupción, omnipresente en múltiples ámbitos de la vida pública, también ha intoxicado al deporte, y de manera especial al fútbol, era algo que se sospechaba, y más que sospecharse se sabía, desde hace años. Pero la pasión que despierta, la ceguera con que grandes masas lo siguen, llevaba retrasando mucho tiempo años el estallido de los escándalos que, aseguran los expertos, sus negocietes, fraudes, evasiones y sobornos, protagoniza. Tardó mucho, pero al final todo llega y por fin ya tenemos las primeras noticias que reflejan algunos chanchullos de bulto empezando por arriba, por la poderosa Federación Internacional (la ínclita FIFA), siete de cuyos dirigentes se han convertido en la primera oleada de detenidos y varios más imputados; «para empezar», según afirmación tajante de la fiscal general de los Estados Unidos.

Porque las detenciones se realizaron en Suiza, donde la FIFA tiene su sede y probablemente el paraíso para mucho del dinero ilícito de los estafadores, pero quien inició la persecución han sido las autoridades norteamericanas. Y no deja de ser curioso, que quien ha dado la voz de alerta y decretado las primeras órdenes de actuación hayan sido los jueces de un país donde el fútbol como lo entendemos en Europa tiene una importancia poco menos que irrelevante.

En principio, las sospechas se ciernen sobre la pulcritud (mejor dicho su ausencia) en las selecciones de Rusia y Catar como escenario de campeonatos mundiales. En la votación entre los encargados de discernir qué país brinda mejores condiciones para garantizar el éxito de la organización y sobre todo el deportivo, parece que circularon prebendas y sobres en pago por apoyos cuyos beneficiarios parece que se repartieron la friolera de ciento cincuenta millones de dólares.

«Y esto -matizó la fiscal general por segunda vez- no ha hecho más que empezar». De momento las investigaciones afectan a la cúpula de la FIFA, pero conforme se siga tirando de la manta, descenderán a lo que ocurre en cada federación nacional. España seguramente no será una excepción. Por aquí ya han surgido algunos casos de juzgado de guardia: fichajes de coste más que dudoso y sobornos para el amaño de partidos para salvar ascensos o permanencias. Todo por no hablar de las deudas en bastantes casos astronómicas, que acumulan los clubs y que, aunque casi nunca se saquen a colación, contribuyen a complicar la economía nacional. En voz baja muchos expertos aseguran que el mundo del fútbol está más corrompido que ningún otro. Ignoro si la valoración es cierta en una país en que la corrupción campa por todos los ámbitos. Pero que el fútbol necesita con urgencia una regeneración que le devuelva claridad a sus valores deportivos y penalice los demás tejemanejes en que se emponzoña su gestión.

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