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El imposible gobierno de España

Nueve meses sin gobierno pocos lo aguantarían, pero aquí se aguanta todo

Salvador Aragonés

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El imposible gobierno de España

El imposible gobierno de España

Acabó como tenía que acabar, con repetir elecciones. Los políticos españoles, y en especial Pedro Sánchez, ha sido incapaz de poner en la Moncloa un nuevo gobierno. Menos mal que se aprobaron los Presupuestos Generales del Estado para el 2016 y no vivimos en una prórroga de presupuestos que significaría una parálisis más fuerte. El rey Felipe VI no ha hecho más que levantar acta de lo que ocurre en la política española: no es posible un gobierno.

¿Por qué Pedro Sánchez es el responsable principal? Porque no se podía hacer un gobierno en España sin el PSOE, sin que el PSOE participará en él de manera activa o pasiva. El PSOE ha sido el fiel de la balanza en esta cortísima legislatura y Sánchez ha querido erosionar a Podemos para que no le quite más votos.

España deberá recortar ahora 4.000 millones de euros para este año, debido a los malos cálculos del PP y a las múltiples elecciones del año pasado 2015. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato? Mal irán las cosas si se repiten los resultados electorales. Porque una de dos, o los políticos leen mal el sentido del voto de los españoles, y entonces pecan de ineptitud para ejercer la alta función de la política, o los españoles se equivocaron al romper el bipartidismo.

Decir lo segundo –que se dice–me parece una pésima interpretación de la democracia. Es más, decir que el pueblo se equivoca es propio de las dictaduras donde o no se vota o el voto es único y se obtienen –como en Guinea Ecuatorial– mayorías del 90 por ciento o más.

Es difícil en este país reconocer los propios errores o los fracasos. Pero digámoslo claro: las nuevas elecciones suponen un fracaso de los políticos al no poder sacar adelante un gobierno, al no poder acordarse en cuatro cosas para que el país siga adelante: ¡solo cuatro cosas! Pero no. Aquí lo que vale es derogar leyes sin aprobar otras nuevas (caso de la enseñanza o la reforma laboral).

Se van a perder nueve meses si es que no nos quieren poner otra vez las urnas. Nueve meses sin gobierno pocos lo aguantarían, pero aquí se aguanta todo, por inercia pues no hay nadie que marque un rumbo, unas políticas a realizar de inmediato, y a medio plazo (entre ellas la reforma constitucional y de la enseñanza).

En estas columnas lo hemos dicho muchas veces: no es posible modificar la Constitución sin el concurso del Partido Popular, pues se necesitan mayorías de los tres quintos en el Congreso y el Senado. Entonces ¿cómo podían el PSOE y Podemos modificar la carta Magna sin negociar con el PP?

El conejo que Compromís se sacó de la chistera en el último momento para un gobierno «a la valenciana» no contaba que necesitaba el acuerdo con el PP para reformar la Constitución en los artículos tal y cual.

Y así hemos vivido este periodo de cuatro meses llenando las pantallas de televisión y la boca de palabras «astutas», de recovecos y zancadillas dialécticas, de tirar la piedra y esconder la mano, de decir cosas imposibles, de jugar una y otra vez con la Constitución. Nos han metido en un laberinto político que para deshollinarlo habría que ser experto en el arte del entendimiento de la filigrana política. El pueblo necesita más claridad.

Menos mal que Don Quijote nos ha dado algunas lecciones con motivo del centenario de Cervantes. Cervantes, don Miguel, nos ha recordado a todos nuestro perfil quijotesco o sanchopancista.

¿Qué podemos esperar ahora? ¿La reforma constitucional y un pacto escolar? La enseñanza es la gran asignatura pendiente que tiene España, hasta el punto que es una vergüenza que lidere la lista de los 28 países de la Unión Europea por el alto fracaso escolar (el doble que la media europea). Hay un 30 por ciento de los jóvenes que no solo no tienen empleo, sino que han abandonado toda posibilidad de tener una formación básica por la falta de un marco legal estable educativo que permita la gobernanza del sistema.

Sobre la reforma laboral se podrán cambiar algunas cosas, pero sin caer en lo que ocurrió en Brasil, país que se encuentra hoy sumido en la corrupción y en una profunda crisis, a causa principalmente del estatismo de su economía, donde normas laborales y económicas están protegidas por la misma Constitución. Hoy se pagan las consecuencias.

El independentismo seguirá aislado en las Cortes, a causa de que ninguno de los grandes partidos apostará por él, salvo Podemos, que es una amalgama de partidos. En el caso catalán las elecciones parece que darán a Esquerra y a Junqueras la llave del independentismo arrebatándola a Puigdemont o a Artur Mas. Es lo que sembró este último en sus cinco años en el poder.

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