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El incalificable caso de la N-340

El ministro Fernández Díaz debería irse con las bandas rugosas a otra parte y adoptar auténticas medidas que afronten el problema

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La dramática coincidencia ha querido que el anuncio del ministro del Interior de la puesta en marcha de nuevas medidas para incrementar la seguridad vial en las carreteras del Estado coincidiera con una nueva víctima mortal en la carretera N-340. La intervención anunciada por el ministro Jorge Fernández Díaz abarca el campo de las chapuzas. Pretender que la solución a los graves problemas que arrastran carreteras como la N-340 a base de construir rotondas y sembrar el firme de bandas rugosas es insultante. Las prisas son malas consejeras en materia de infraestructuras. Pretender que los pecados reiterados de mala planificación se resuelvan con ruedas de prensa de interregno es como pretender curar el cáncer con aspirinas. El problema de fondo hay que buscarlo en la nefasta política centralista de un Estado que sólo sabe mirar al ombligo de Madrid y sus alrededores. Si en lugar de asignar cifras millonarias a autovías infrautilizadas en la meseta se hubiera aplicado con mayor racionalidad económica el presupuesto de infraestructuras, primando el principal eje de circulación de mercancías y de turistas de toda España, que no es otro que el eje mediterráneo, no estaríamos ahora mendigando terapias de urgencia. El ministro Fernández debería irse con sus bandas rugosas a otra parte y, como catalán que es, exigir la inmediata adopción de auténticas medidas correctoras de una vergüenza nacional que no tiene calificativo.

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