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El incombustible Tsipras

Sería toda una paradoja política que el irresponsable Tsipras, que plantó cara a Merkel, recondujera el desbarajuste griego

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Alexis Tsipras, el importuno que había de pasar como una nube de verano, sigue vivo y coleando. Tsipras, primero plantándose ante Merkel, y luego sometiéndose a ella, ha logrado el más difícil todavía. Le ha doblado el brazo al nuevo paladín que la derecha de su país envió para rematarle, en la creencia de poder hacerlo con facilidad una vez descabalgado, y que ahora está lamiéndose las heridas en el mismo rincón a donde fue a parar su predecesor. Y al mismo tiempo, y casi sin despeinarse, se ha deshecho de todos los críticos de su propio partido, esos que se pusieron estupendos y farrucos cuando él se rindió a la evidencia inapelable de las bayonetas financieras germanas. Formaron un partido nuevo, con la esperanza de desbancar al supuesto renegado. El resultado no ha podido ser más desastroso: el voto ciudadano los ha dejado fuera del Parlamento. Aunque saltan a la vista sus inconsecuencias, entre ellas la de gobernar en alianza con unos conservadores empeñados en mantener el gasto militar que Grecia dudosamente puede permitirse, mientras se recorta de todo lo demás, Tsipras se ha ganado con su probada capacidad de supervivencia el respeto de propios y extraños. Lo que tiene por delante es algo tan poco airoso como hacer a toda prisa los deberes que le han puesto desde Berlín, vía Bruselas, pero no hay que desdeñar su papel como irrelevante. Sería toda una paradoja que el irresponsable recondujera el desbarajuste griego.

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