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El interés general

PP y PSOE son, todavía, los dos principales partidos y deben ser capaces de llegar a acuerdos relevantes en asuntos fundamentales

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El bipartidismo que ha sido la tónica entre 1982 y 2014 no ha sido cooperativo ni ha rendido los frutos positivos que cabía esperar de él. Tras el gran consenso constitucional, que auguraba un régimen capaz de avanzar mediante el logro de pactos de Estado capaces de estabilizar los aspectos que no debían quedar al arbitrio de la alternancia, la realidad ha sido que las dos grandes formaciones han vivido de espaldas entre sí. Ahora, tas las elecciones del 20D, PP y PSOE están tan enfrentados que ni siquiera han llegado a mantener un cambio de impresiones sobre la gobernabilidad: el único encuentro fue tan lacónico y breve que no ha habido lugar a exploración alguna. Cuando, con independencia de lo que hagan, la realidad es que la buena marcha de la democracia requiere la sintonía de los dos –todavía– principales partidos. Máxime cuando los españoles han ido a las urnas con la conciencia de que había que regenerar el país, que reformar la constitución, que cambiar la ley electoral, etc., cuestiones éstas que estaban e n los programas electorales y que no pueden llevarse a cabo sin un gran consenso, equivalente al fundacional, que lógicamente requiere la conformidad de los partidos que dominan –por ahora– en sus respectivos hemisferios. Es, en definitiva, opinable la fórmula de gobierno que finalmente decante del 20-D, pero no lo es en absoluto que el interés general de este país exige a PP y PSOE acuerdos relevantes en asuntos fundamentales.

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