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El lenguaje político español

Cicerón dijo «la verdad se corrompe o con la mentira o con el silencio»
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Qué es el lenguaje político? Consideraciones muy interesantes hay sobre este interrogante. Digo interrogante porque no hay acuerdo sobre lo que tal cosa sea, ni siquiera sobre si existe algo que podamos denominar “lenguaje político” como tal.

Sea como fuere, nadie puede negarle al lenguaje de nuestros políticos tres características, cuyo peso es mayor o menor dependiendo de la situación o la oportunidad: ambiguo, polémico y agitador. Es ambiguo por la necesidad y sobre todo porque la ambigüedad es útil ya sabemos “no han interpretado correctamente mis palabras”, “esas declaraciones están sacadas fuera de contexto”. Es polémico porque una parte notable del discurso político va dirigido contra un adversario que, de no existir, hay que inventar. Es agitador porque la retórica política persigue el movimiento de los efectos, las simpatías o las antipatías. Estas tres características hace que nos encontremos ante unos usos lingüísticos que más que informativos son incitantes, más que intelectuales, efectivos; más que instructivos, emocionantes.

Cicerón dijo “la verdad se corrompe o con la mentira o con el silencio”.La historia está hecha, en parte, de la degradación, el desprestigio y manipulación que hacen de las palabras, el lenguaje, políticos, empresarios y dirigentes en general y en estos tiempos estamos siendo testigos de una situación alarmante en España y seguro que en muchos otros países, a su manera.

Llevo mucho tiempo pensando en el tema, con el hecho de que además, esa gente del poder nos faltarán el respecto y nos subestimaran a los ciudadanos con la manipulación del lenguaje para enmascarar la realidad. Ya sé que el eufemismo es el principal aliado del poder, pero ahora está entronizado de una manera descarada y absurda.

Desde la ufanía, gobernantes, políticos y empresarios españoles tratan de usurpar, ocultar o alterar la dura realidad del país entronizando el eufemismo y el silencio con tal de no llamar a las cosas por su nombre. Filósofos, escritores, filólogos y profesores alertan sobre este enmascaramiento basado en la tergiversación y degradación del lenguaje.

Nos comunicamos por la palabra, pero las palabras están cargadas de connotaciones. Me pregunto. ¿Qué pensamos de esta situación generada por los dirigentes y el poder de no llamar a las cosas por su nombre para ocultarla o maquillarla?

Mi respuesta es, muy simple, demuestran el desprecio por la verdad de una legión de serviles y aduladores cuyo único interés radica en mantener su status de poder.

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