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El más valiente

Diego Carcedo

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La muerte de Miguel de la Quadra nos empaña la memoria a cuantos le conocimos, le tratamos, compartimos con él momentos terribles y, sobre todo, le admiramos. Miguel demostró a lo largo de su carrera profesional una valentía en el seguimiento de las noticias sin precedentes. Algunas personas siempre consideraron que amaba el riesgo. En una reunión del equipo de ‘Los Reporteros’, el programa de TVE en el que era la estrella indiscutida por nadie, recuerdo que ante las ideas de Miguel sobre la manera de afrontar una cobertura, el productor del programa, Juan Jesús Buhígas, le dijo: «Joder, Miguel, si tuvieses que entrevistar al presidente de Francia seguro que la única manera que se te ocurriría es saltar por los tejados del Elíseo y descender por la chimenea hasta el salón de su vivienda privada». Todos nos reímos y él el primero, aunque enseguida empezó a razonar la conveniencia de envolver los reportajes con elementos que los hiciesen más atractivos para los espectadores. «Un reportaje -decía- tiene que incluir algo más que la simple noticia del hecho o la entrevista en frío de su presidente. Hay que adornarlo con algo, no sé, de exotismo, sexo, violencia. Algo que enganche». No era verdad: no amaba el riesgo, lo enfrentaba con serenidad y mucho temple. Los demás reporteros, que le seguíamos con devoción e indisimulada envidia, a veces discutíamos sus teorías.

Pero las imitábamos en cuanto podíamos. Miguel de la Quadra fue el precursor de un reporterismo espectáculo que tuvo éxito y no por eso dejaba de ser riguroso. Son muchas las anécdotas y momentos que recuerdo de su amistad y magisterio.

Le conocí cubriendo un terremoto en Trápani (Sicilia); yo nunca había visto a un muerto y allí me estremeció ver el primero colgando de una pala excavadora que retiraba los escombros de una casa. Unas horas más tarde compartía con Miguel bocadillos de mortadela sentados en unos ataúdes vacíos puestos en fila en espera de ser ocupados por los cadáveres que iban rescatando.

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