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El mayor desprecio es el menor aprecio

«Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo»

ÁLEX SALDAÑA

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ÁLEX SALDAÑA

ÁLEX SALDAÑA

No me gusta Vox. Ni lo que dice, ni lo que hace, ni lo que representa. Ni el populismo que le catacteriza, ni la xenofobia y el odio al diferente –sobre todo si el extranjeto es pobre– que promueve, ni el machismo que destila ni prácticamente nada de lo que propugna. Pero quizás habría que recordar aquí aquella frase tan comúnmente atribuida a Voltaire y que en realidad era de su biógrafa, la británica Evelyn Beatrice Hall: «Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo». No podemos criticar la intolerancia y a la vez combatirla con más intolerancia y violencia. No podemos exigir libertad de expresión y negársela a quien dice lo que no nos gusta. Viene esto a colación de los disturbios que se están produciendo en el marco de la campaña electoral vasca en todos y cada uno de los actos de Vox –en un altercado incluso hirieron con una pedrada a una parlamentaria–. Se trata de hechos que hay que condenar sin paliativos ni medias tintas. Son, además, acciones que esconden una torpeza mayúscula, pues no sirven sino como altavoz y victimización para una formación que ha conseguido así un protagonismo que jamás tendría en el País Vasco por su capacidad de convocatoria. Dicen que no hay mayor desprecio que el menor aprecio. Pero aquí somos más de la bronca. Y así nos va.

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