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El monumento de Tortosa

La decisión sobre el futuro del monumento de la Batalla del Ebro se tomará sin un debate profundo, sereno y bien razonado

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Los ciudadanos de Tortosa mayores de 16 años están llamados hoy a las urnas para decidir el futuro del monumento a la Batalla del Ebro erigido en mitad del río sobre una de las columnas del antiguo puente de la Cinta, derribado durante la contienda. Las dos opciones que se someten a votación (mantenerlo o retirarlo) buscan un objetivo común: «promover la memoria histórica y la paz», frase que figura en el texto de las dos alternativas. La polémica desatada con el monumento es compleja de analizar porque confluyen múltiples factores que cargan de razón a una u otra alternativa. Si la controversia estuviera ceñida estrictamente a la retirada de la simbología franquista no hubiese sido necesario llegar a la consulta. La democracia ha pasado página de la dictadura y Tortosa no es una excepción. Sin embargo, si cuarenta años después de la muerte de Franco ningún Ayuntamiento de Tortosa (y los ha habido de todos los colores), no ha querido dar el paso de retirar la escultura, cabe al menos meditar cuáles han sido las razones. La mayoría de los habitantes actuales de la ciudad han visto siempre la fachada fluvial de Tortosa jalonada por la efigie de la gigantesca pieza de Lluís Maria Saumells, director de l’Escola d’Arts de Tarragona. Tortosa corre hoy el riesgo de decidir con mayor impulso de la emoción que de la razón. Si en medio siglo nadie ha dado el paso, valdría la pena un debate de expertos, sereno y documentado, que sobrepase la visceralidad.

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