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El 'no', sin alforjas

Según la última encuesta, la mayoría de los catalanes se siente tan español como catalán
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Sin duda alguna, para el viaje a este ‘no’, no hacían falta alforjas. Porque las alforjas repletas al completo han supuesto mucho dinero y no están los tiempos para gastos superfluos. En efecto, ahora resulta que el ‘no’ a la independencia catalana se impone por primera vez desde el año 2012, pero con las alforjas ya consumidas. Está claro que el independentismo pierde adeptos.

Los contrarios a la independencia (45,3 por ciento) superan a los que se manifiestan a favor de esta opción (44,5 por ciento). Ha habido pues una inflexión significativa cualitativamente aunque, obviamente, no cuantitativamente.

Todo ello, según la última encuesta del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat de Catalunya, sobre el contexto político actual en esa comunidad autónoma, que otorga una victoria ajustada a los detractores del soberanismo en esta primera encuesta, tras la controvertida consulta celebrada el pasado 9-N. El independentismo reúne tan solo el 36,2 por ciento de los apoyos, seguida de los que prefieren un Estado dentro de una España de corte federal (28,9 por ciento), los que quieren seguir siendo una comunidad autónoma (21,8 por ciento) y los que abogan por ser una región de España (5,4 por ciento).

Según Jordi Argelaguet, director del CEO, la razón de estas respuestas estriba en el hecho de que los ciudadanos catalanes están empezando a pensar que el Partido Popular (PP) no tendrá mayoría absoluta en las próximas elecciones generales, por lo que pueden haber sectores que entiendan que el panorama político del futuro próximo no será tanto de bloqueo y pueden darse entendimientos entre Catalunya y España y presienten que las opciones en dirección hacia una reforma constitucional del Título VIII de la vigente Carta Magna pueden ganar peso.

Sin embargo y sorprendentemente, ante los resultados ofrecidos por el CEO y a pesar de que las cifras matemáticamente resultan indiscutibles, hay quién piensa que las encuestas no sirven para nada. Claro, no sirven para nada para aquellos a los que los resultados no son favorables a su pensamiento político, por aquello de lo que piensa el conjunto de la ciudadanía encuestada no conviene considerarlo, ni es digno de ser tenido en cuenta.

A este respecto, Jordi Argelaguet ha manifestado que el resultado de la encuesta cabe considerarlo como un «empate técnico» y dijo que si la encuesta se realizara la próxima semana el resultado podría salir al revés. Conviene señalar que el trabajo de campo de la encuesta se ha celebrado en pleno debate sobre el posible adelanto de unas elecciones autonómicas, lo cual con toda seguridad habrá influido en los encuestados. Si se tiene en cuenta que en las dos últimas encuestas, el apoyo a la independencia era superior en siete puntos al no, la inflexión resulta bastante significativa.

Según los resultados de la misma encuesta, la mayoría de los catalanes se siente tan español como catalán. Otro porcentaje importante de ciudadanos catalanes admite que la comunidad autónoma tiene un nivel insuficiente de autonomía, pero admite la organización autonómica.

A tenor de todo lo anterior, en mi opinión, para este viaje no hacían falta alforjas y, lamentablemente, se han consumido muchas alforjas repletas de numerario para nada, es decir, se ha perdido inútilmente mucho dinero. Pero aunque esto sea agua pasada, lo más grave es que en el próximo futuro se seguirán consumiendo más alforjas. Y ello a pesar de que en Catalunya es habitual la expresión ‘salut i força al canut i que l’any que ve sigui més gros i més pelut’, lo que traducido equivaldría, más o menos, a ‘salud y demasiado al canuto y que el año próximo sea más grande y más peludo’.

Conviene aclarar, para que nadie se llame a engaño, que el canuto era una pequeña alforja, de forma tubular, que se sujetaba al cinto y que contenía las preciadas monedas de oro, en una época en la que los pantalones no tenían bolsillos. Y la referencia al año próximo va en el sentido de que el canuto sea mayor y, consecuentemente, de más cabida, y más peludo porque el material en el que se realizaba era una piel de animal. Pero todo esto es historia pasada.

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