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El octavo hombre

Nuestros problemas se tornan en cuitas domésticas ante la amenaza yihadista

Manuel Alcántara

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Había usurpado la popularidad del tercero, debido a una película y una cítara, pero el asesino Salah Abdeslam era uno de los más célebres del mundo, dejando a un lado a Stalin y Hitler. Ahora la policía belga, que ha dado uno de los más notorios detectives del cine, lo ha capturado a pocos metros de su casa. Los criminales también tienen su corazoncito y su querencia al sitio donde nacieron. Amaba Bruselas, aunque quería destruirla en unión de Europa. Es el empeño yihadista y tiene miles de secuaces dispuestos a sacrificar sus vidas llevándose por delante las vidas de los que no quieren sacrificar la suya porque en el llamado viejo continente nadie cree en nada y menos en el sacrificio. Presenciamos, a distancia, la lucha del fanatismo contra la libertad y Voltaire sigue perdiendo el combate por puntos. El demente asesino Abdeslam fue uno de los más destacados autores materiales de los atentados de París del 13 de noviembre y ostentaba el título de ser ‘el hombre más buscado de Europa’. «Ya lo tenemos», ha dicho, con orgullo limítrofe con la jactancia, el secretario de Estado de Interior belga, pero hay un gran número Abdeslames que aspiran a tener una cita con las huríes del Profeta después de morir. Proscrito el cubata por el hidromiel, que debe de estar más dulce todavía. Con gente así, los llamados occidentales no tenemos muchos márgenes para dudar de nuestra derrota. Si ahora convocaran unas Cruzadas no se apuntaba nadie, y ellos, los que llamamos descreídos porque creen cosas aún más inverosímiles, hacen cola para morir. Todos nuestros problemas se tornan en cuitas domésticas ante la amenaza yihadista. Lo único que hacemos es comprar armas, sin tener en cuenta que también las adquieren ellos, que sólo usan el alfanje para degollar prisioneros. Un Kalashnikov se puede comprar en internet y además te lo mandan a casa. Es un gran regalo, ya que se está quieto y no pide agua, porque está hecho para pedir sangre. Es sólo un arma, pero está a la venta en los comercios especializados y la compran los que pueden usarla contra nosotros. El cliente siempre tiene razón y nosotros no tenemos idea de cómo son los yihadistas cuando se cabrean.

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