Opinion EDITORIAL

El olvido de las ‘ciberadicciones’

Resulta cercano a la utopía exigir que nuestro sistema público de salud dedique esfuerzos a este nuevo problema social

 

Diari de Tarragona

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Las nuevas tecnologías pueden derivar en un problema de adicción si no se sabe gestionar su uso.

Las nuevas tecnologías pueden derivar en un problema de adicción si no se sabe gestionar su uso.

Las nuevas tecnologías no sólo son una herramienta imprescindible en la sociedad actual. También se han convertido en una adicción que, en el caso de menores de edad y jóvenes, adquiere una especial importancia. Son numerosos los estudios que han puesto cifras a la gravedad del problema. Como ha valorado Antonio Terán Prieto, psicólogo del Centro de Atención a Drogodependientes San Juan de Dios, el uso excesivo, sin límites, incontrolado puede producir, en personas vulnerables, un síndrome clínico con características similares a las conocidas adicciones químicas que interfiere en el desarrollo de las obligaciones de la vida diaria pudiendo complicarse con problemas: físicos, psicológicos y sociales en quienes lo padecen. Según el doctor Terán, la prevención, especialmente en los grupos más vulnerables:niños, adolescentes, etc.; es la intervención más eficaz y eficiente. Una vez surgido el problema, el diagnóstico precoz y un tratamiento ajustado a la realidad de cada persona en el que lo psicológico adquiere el protagonismo fundamental con el reaprendizaje del control de la conducta, posibilitara la resolución del problema. La frecuente presencia de comorbilidades asociadas al uso excesivo de las NTIC obligará a complementar el tratamiento con el abordaje específico de estas, fundamental en la evolución y pronóstico final. Pues bien, ninguno de estos pasos puede darse en Tarragona en la sanidad pública. Para tratar las dependencias de las ciberadiccciones se debe acudir al sector privado, a diferencia de otros territorios, como por ejemplo la Comunidad de Madrid. El retroceso en la atención sanitaria pública en Catalunya está reflejado en todos los indicadores, desde los tiempos de espera en las intervenciones hasta el gasto por paciente. Resulta cercano a la utopía exigir que nuestro sistema público de salud dedique esfuerzos a atender esta nueva necesidad que trae consigo el nuevo hábito social que nos tiene esclavos de las pantallas. Pero haríamos bien en abordar el problema antes de que sea demasiado tarde.

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