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El oxímoron del aeropuerto de El Prat

NÚRIA PÉREZ

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Es curioso que el principio de acuerdo para ampliar el aeropuerto de El Prat llegue en uno de los momentos de mayor incertidumbre sobre el futuro de la industria aeronáutica. Por un lado, porque aún se desconoce cuando se recuperará el tráfico de turistas internacionales. Por otro, porque tampoco se sabe el impacto que tendrá la pandemia en los viajes de negocio a medio plazo. Y por último, porque el sector de la aviación es uno de los más afectados por los planes de reducción de los gases de efecto invernadero de la Comisión Europea, por ser responsable del 2% de las emisiones de CO2 mundiales y en torno al 14% de las de todos los medios de transporte. Unos planes que obligarán a esta industria a funcionar o con biocombustible o con hidrógeno verde, aunque esta segunda opción requiere de mayores modificaciones tanto en aviones como en aeropuertos.

Y aquí sí se abre un reto y, a la vez, una oportunidad para la refinería de Tarragona que hace un año tuvo que parar su producción de queroseno por la caída del tráfico aéreo mundial, que en diciembre fabricó el primer lote de biocombustible para aviación a partir de aceites vegetales y que tiene varios proyectos de inversión vinculados a la obtención de combustible a través de todo tipo de residuos.

Veremos cómo se resuelve este oxímoron: ampliación del aeropuerto de El Prat-reducción del tráfico áereo y previsible aumento de precios de los vuelos por los mayores costes de su materia prima. Entre medio, habrá que seguir muy de cerca la transformación de la refinería. Hay mucho en juego.

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