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El pacto de La Budellera

Es positivo que el plan de La Budellera nazca del consenso entre el Ayuntamiento y los vecinos de los barrios colindantes.

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La presión vecinal, intensa en los últimos días, ha surtido efecto inmediato. El alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros, anunciaba ayer tras la reunión de la Comissió Territorial d’Urbanisme de la Generalitat, que cambiará el plan parcial de La Budellera para limitar las alturas máximas de los edificios previstos en el nuevo barrio. El alcalde se mostró de acuerdo con la postura vecinal y se limitará la altura máxima de los edictos de la zona a seis niveles y no los 12 que estaban previstos en el proyecto inicial. En concreto, 18 de las 41 islas de edificios previstas en el plan tienen más de seis plantas de altura. Otro acuerdo de no menor importancia es que el concejal de Urbanisme, Josep Maria Milà, no participará en las votaciones municipales que impliquen al plan de La Budellera por su relación inicial en la redacción del mismo. Sin necesidad de apelar a la legalidad, está bien que por iniciativa propia Milà se aparte del asunto por el principio inalterable de la mujer del César. La sustancial modificación del modelo urbanístico, huyendo de la ciudad vertical, obligará a un replanteamiento importante del plan. Sería conveniente que el seguimiento de las modificaciones se haga desde un principio para evitar sobresaltos de última hora, pérdidas de tiempo en las tramitaciones y en definitiva importantes costes. La Budellera lleva años fraguándose y bueno es que nazca entre consensos ciudadanos, sin necesidad que cuajen a última hora.

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