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El ‘país ocupat’ amenaza con convertirse en realidad

Rajoy quedará como el presidente que logró que España ya sólo pueda retener a Catalunya mediante el uso de la fuerza

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Nos falta perspectiva histórica para valorar en su justa medida la sucesión de acontecimientos que nos han llevado hasta el momento crítico actual. Hoy es evidente que cargarse el Estatut de 2006 fue un error catastrófico del PP y del TC. Y que Artur Mas se equivocó gravemente al negarse a asumir la realidad de los resultados de las elecciones plebiscitarias del 27-S de 2015. Las últimas e infaustas sesiones del Parlament o la entrada de la policía en las instituciones catalanas son episodios demasiado recientes, y aún abiertos, como para calibrar su verdadero impacto en el futuro del país. Muy negativo, en cualquier caso

Uno de los pocos personajes que ha vivido toda esta secuencia desde una puesto de máxima responsabilidad, en el gobierno o en la oposición, es Mariano Rajoy. La valoración de su figura dependerá en gran medida de cómo acabe el conflicto político entre Catalunya y España, y la cosa pinta que pude alargarse en el tiempo.

Existe la teoría según la cual los historiadores no pueden revivir ni valorar con limpieza las grandes determinaciones tomadas por líderes políticos o militares, porque los cronistas las relatan conociendo el final, mientras que ellos tuvieron que decidir sin saber cómo acabaría el asunto. En el caso de Rajoy, apuesto a que quedará como el presidente del Gobierno que consiguió que España ya sólo pueda retener a Catalunya mediante el uso de la fuerza. Es una fuerza amparada en la legalidad constitucional, pero desde hace meses tenemos constancia de que también incluye la persecución de personas por sus ideas políticas. Y, en los últimos días, intentando socavar derechos y libertades fundamentales o abriendo una causa general preventiva contra los alcaldes catalanes, a los que el Fiscal General del Gobierno amenaza con detener si no se someten a sus desvaríos turcos.

Nunca aquel «país ocupat» y aquellas «forces d’ocupació», que cantaban los independentistas de primera hora –y ahora ya medio país–, estuvieron tan cerca de la realidad. Rajoy obtendrá muchos aplausos con el recurso a la fuerza, pero no ganará la partida.

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