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Opinion Editorial

El peligroso desprestigio de la clase política

Tranquiliza observar que en la cúspide del prestigio y la confianza siguen los médicos, los maestros y los científicos

 

Diari de Tarragona

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Sesión de aplausos en el Congreso de Diputados. Cobran por aplaudir. EFE

Sesión de aplausos en el Congreso de Diputados. Cobran por aplaudir. EFE

Varios son los colectivos sociales que deben hacerse autocrítica. Entre ellos debemos incluirnos también los periodistas. Pero sobre todo la clase política está en la urgente necesidad de repensar su función por la alta responsabilidad que les corresponde como máximos guías de la gobernación. El Estudio Europeo de Valores 2019, que elabora el BBVA, arroja que la clase política es el colectivo peor valorado con un exiguo 3,2 de nota otorgada por los ciudadanos encuestados. El estudio ha sido realizado en los cinco países más poblados de la Unión Europea: Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España. La valoración de los políticos es baja en todos los países salvo en Alemania, con un aprobado justo, pero los españoles comparten cifras negativas con los franceses. Los británicos, pese al gigantesco embrollo del Brexit, puntúan a sus parlamentarios con un 3,4 y los italianos, con un 3,6. Hay que tener en cuenta además que el estudio se realizó antes del último episodio que nos acaba de abocar a las cuartas elecciones generales en cuatro años. Cabe suponer que de repetir en estos momentos la encuesta, la valoración de nuestra clase política tocaría fondo. Es alarmante el deterioro del prestigio de la política, en primer lugar porque no se puede prescindir de los gestores públicos y, en segundo lugar, porque si no conseguimos elevar el nivel del prestigio de la clase política cada vez serán menos las personas con capacidades probadas que desearán dedicarse a la vida pública. Como hemos dicho al principio hacemos extensiva la necesidad de autocrítica a los periodistas. Es indudable que los medios de comunicación han perdido prestigio por diversas razones, entre ellas y de forma primordial por la pérdida de independencia. No todo es negativo en el Estudio Europeo de Valores. Tranquiliza observar que en la cúspide del prestigio y la confianza siguen los médicos, los maestros y los científicos, tres patas fundamentales para garantizar nuestro estado del bienestar. Sin políticos y periodistas se puede vivir. Sin médicos y maestros, no.

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