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El pescuezo de Pedro Sánchez

La gimnasia del PP para recuperar cintura sería buena para todos

Margarita Sáenz-Díez

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Si los ajustes de cuentas en el partido socialista no lo impiden, la consulta del domingo 26-J abre una margen de maniobra política a Pedro Sánchez que no está dispuesto a desaprovechar.

Ese domingo, el PSOE perdió escaños y ganó algunos votos. Pero su principal victoria fue exhibir que su espacio político está claramente delimitado.

Ni aquí, ni en Europa, la socialdemocracia pasa por su mejores momentos. Pero la historia de las dos grandes familias, la conservadora y la socialista, demuestra que, a pesar del legítimo voto cambiante de los ciudadanos, en último término ambas acaban saliendo a flote.

En su banda izquierda, el partido socialista se encuentra con un gran sector de desencantados con Pablo Iglesias. Todos aquellos que esta vez le han negado la papeleta. «Nos han situado en la margen izquierda del tablero», se lamentaba el líder de Podemos, visiblemente molesto para soportar esa etiqueta.

¿Y qué? Si eso era su pasado y su presente (¡qué grande eres Julio Anguita!) Era su verdad. Hasta que para conquistar el voto que le situaría en la Moncloa, Iglesias salió al escenario travestido de monaguillo socialdemócrata. Y, claro, no funcionó.

El millón largo de antiguos votantes de Podemos buscará ahora su lugar. Unos cuantos, acaso muchos, regresen en solidaridad con sus compungidos amigos, si las corrientes centrífugas de las confluencias no convierten a Podemos en un reino de taifas.

Pero otros más buscarán un nuevo lugar al sol. Y acaso lo encuentren en una socialdemocracia defensora de la causa de otros, renovada, pragmática, como la que cambió España. Esa es la tarea que le aguarda a Pedro Sánchez, si sus incansables enemigos internos le dejan trabajar y renuncian a cortarle el pescuezo.

Si la banda derecha la ocupa con desahogo el Partido Popular, y Podemos la banda izquierda, en el territorio que media entre ambos es donde tiene que jugar el Partido Socialista. No creo que sea acertado, ni mucho menos, acusar al PSOE de traición por no hacer caso de los tejos que le lanza Mariano Rajoy para que Pedro Sánchez se integre en su equipo. El PSOE debe jugar su propia competición.

Esta vez, el PP podrá formar Gobierno aunque no será fácil. Y como su aliado natural es Ciudadanos, el partido de Rivera tendrá que desenredar la madeja que lió al exigir, desde la autosuficiencia, que se sacrificara a Mariano Rajoy.

El momento era propicio. El líder de Ciudadanos era jaleado como el mejor entre todos, mientras el presidente en funciones seguía en la cola. Pero las urnas han cambiado la situación y Ciudadanos puede desempeñar, otra vez, el papel de componedor.

¡Por cierto!, solo con el apoyo de Ciudadanos, el Gobierno de Rajoy no tendría mayoría absoluta. Pero después de la legislatura inflexible que nos regaló el PP, la gimnasia para recuperar cintura sería beneficiosa para todos.

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