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El pesebre que viene

Está por ver que la renovación sirva para cortarle algún tentáculo al pulpo
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A punto de renovarse el poder en miles de ayuntamientos y casi todas las autonomías, los posos del café presagian una amplia mudanza en los centros de poder político. Fuerzas emergentes calientan en la banda ansiosas por entrar en juego y colocar a sus elementos al mando de las instituciones donde se decide el destino de los recursos públicos. Habrá que conceder un margen de confianza a quienes se van a estrenar en la gestión. Y seguro que el aire fresco ventilará corporaciones que llevan décadas oxidadas en la rutina o en la inercia y se han vuelto ineficientes, por decirlo suavemente. De lo que no estoy tan seguro, antes bien, me envuelve el pesimismo, es de que los nuevos gestores acaben con esa institución paralela, que nadie reconoce, que no tiene forma, ni despacho con rótulo, ni tampoco presupuesto específico en las gastos anuales, pero que existir, existe. No como las meigas, no. Como la vida misma. Es decir: el pesebre.

Sería un milagro que la renovación en los sillones que se anuncia acabe con el amiguismo, el nepotismo, el partidismo, que tienen parasitadas las entidades locales, autonómicas y nacionales. Porque desde el momento en que los grupos políticos toman posesión se inicia la carrera de los asesores, los cargos de confianza, los directivos de las empresas públicas, agencias, sociedades mercantiles, consorcios, fundaciones y todo el entramado que depende del poder político. Y estamos todavía por ver que en lugar de cebar a ese pulpo de incontables tentáculos, los partidos se esfuercen en cortarle alguno que otro. No lo harán. No porque esa estructura paralela sea productiva, eficiente y valiosa, sino porque es esencial para ubicar el segundo círculo de amiguetes y simpatizantes del partido de turno fundamentales en lo que se considera entre nosotros la toma del poder.

Y el fenómeno no es privativo de la izquierda ni de la derecha ni del centro, es transversal. Eso sí que es transversal.

Igual los nuevos nos sorprenden, pero por lo visto hasta el momento ni el más minúsculo de los grupos que ha tenido oportunidad de nombrar un carguito ha buscado un profesional independiente o de otra formación.

Para nada. Lo primero es que sea ‘de confianza’, aunque sea un incapaz, pero de la casa. Y qué decir de la carrera por las subvenciones. ¿A quién le van a caer las ayuditas con dinero público para hacer un documental sobre las especies endémicas de la villa? ¿A qué ONG le van a dar el premio gordo de las subvenciones para repartir? ¿A qué arquitecto o aparejador del partido le va a caer el encarguito de hacer una estatua, una fuente o una rotonda? ¿Hay alguna duda? Pues eso.

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