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El problema de Europa no es Grecia

El principal reto de Europa no es dar una tregua a la economía griega, ahogada por su deuda, sino conectar de nuevo con la ciudadanía de los estados miembros
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Tras una gira que le ha llevado a reunirse con los responsables económicos de Reino Unido, Italia y Francia y con el presidente del BCE, el ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, se entrevista hoy con el más duro de todos ellos, su homólogo alemán, Wolfgang Schäuble. La cordialidad con que el presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, recibió ayer a Alexis Tsipras se esfumó de un plumazo anoche cuando se supo que el consejo del BCE ha decidido cerrar el grifo a los bancos griegos para forzar otro rescate. Un mensaje contundente que da al traste con los intentos de conectar no solo con la sociedad griega sino también con la europea.

El principal reto de Europa no es dar una tregua a la economía griega, ahogada por su deuda, sino conectar de nuevo con la ciudadanía de los estados miembros que, a diferencia de épocas anteriores, ni percibe con claridad los beneficios de la unión, ni comparte la dictadura de la austeridad. Entre otras cosas, porque la tijera improvisada que han aplicado las diferentes administraciones no ha servido para revisar a fondo gastos superfluos y transformar las instituciones y sí para reducir partidas consideradas prioritarias, como la salud o la educación. Bruselas y Berlín darían un paso de gigante sustituyendo la receta de la austeridad por la de un gasto racional, sostenible, útil, y en beneficio de los ciudadanos. Un cambio en ese sentido y algo de flexibilidad con Grecia son la única manera de evitar que la proporción de diputados del Parlamento Europeo que representan a partidos antieuropeos o antisistema siga creciendo.

El problema europeo no es Grecia únicamente. Ni tan sólo económico. El peligro es una ruptura con el proyecto europeo. El abismo entre la ciudadanía y los grandes organismos y superestructuras europeas solamente se combate con una mejor gestión de las emociones y los gestos, y, en definitiva, con una mayor identificación con las prioridades de la gente.

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