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El problema de fondo no es la ideología

Si tan intercambiables son los programas de los partidos, ¿de dónde proviene la dificultad para lograr consensos?

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El último barómetro del CIS apunta que unas terceras elecciones no beneficiarían prácticamente a nadie –los equilibrios serían muy similares– y, de llegarse a ellas, sería muy legítima la exigencia ciudadana de que los líderes actuales dieran paso a otros que fuaran capaces de alcanzar acuerdos de gobernabilidad. En el escenario actual, las negociaciones permitirán valorar la flexibilidad de los partidos a la hora de ceder en sus programas originarios a cambio de apoyos. El PP ha efectuado ya algunas ofertas a sus teóricos antagonistas, Ciudadanos y PSOE; la última de ellas, la aquiescencia a la mitad de los 250 puntos programático que ambos partidos pactaron tras el 20-D en su intento de investir al socialista Sánchez. Queda claro que cuando hay interés, se aceptan las tesis ajenas con notable facilidad. Las preguntas resultantes son obvias: ¿Tan intercambiables son los programas de los partidos? Y si realmente hay tantas coincidencias, ¿de dónde proviene la dificultad de lograr consensos? ¿No será que en el fondo los partidos están dispuestos a prácticamente cualquier claudicación ideológica con tal de conseguir el poder? Da la sensación de que lo que cuenta no es la cuestión trascendente de hacia dónde hay que dirigir a la nación, sino la mucho más prosaica de quién llevará las riendas. Es decir, que lo realmente importante no son los caminos propuestos, ni los programas comprometidos, sino el poder.

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