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Opinion EDITORIAL

El problema de los grafitis

Se trata de una actividad incívica que no es, en absoluto, inocua: Tarragona gasta al año más de 70.000 euros en limpiar paredes 

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Diari de Tarragona

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En las fachadas, sobre las persianas de los comercios, sobre el mobiliario urbano, en los bancos, en las farolas, incluso en los monumentos... Un paseo por Tarragona permite apreciar un amplio muestrario de grafitis, firmas y garabatos de todos los colores, formas, tamaños y estilos. Se trata de una actividad incívica que no es, en absoluto, inocua: el Ayuntamiento gasta al año más de 70.000 euros de todos los tarraconenses en limpiar los grafitis realizados en edificios públicos. Pero, más allá del gasto, borrar estas pintadas es técnicamente muy complicado, sobre todo cuando afectan a monumentos. Y es que algunos materiales, como el granito, son especialmente difíciles de limpiar. Y en muchas ocasiones, no llega a recuperar su estado original. Combatir esta práctica también resulta complicado; y no sólo por la necesidad de sorprender al infractor con las manos en la masa, sino porque la mayoría de los grafiteros son menores de edad. No son pocos los expertos que proponen, a modo de solución, ceder algunos espacios a los jóvenes para que hagan allí uso de su expresión artística. Es la iniciativa que ya llevan a cabo algunas ciudades y comercios, que prefieren lucir un mural más o menos atractivo –algunos son auténticas obras de arte que provocan cientos de visitas– y evitar esa sucesión de firmas –‘tags’, en el argot– que ensucian tantas fachadas. Si se hace con control, podría ser una solución, una forma de hacer de la necesidad, virtud.

 

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