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El proyecto europeo necesita renovarse

La Unión Europea debe concentrarse en determinadas tareas importantes en vez de aspirar a regularlo todo

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El populismo en alza, la inmigración descontrolada, las amenazas a la seguridad y el débil crecimiento económico no son fenómenos aislados, sino interconectados entre sí. De este modo, ningún plan europeo ha funcionado para dar respuesta a la crisis de refugiados. El debate sobre la salida del Reino Unido tiene lugar entre dos tipos de euroescepticismo, uno más inteligente, favorable a quedarse en la UE con condiciones, y otro más irracional. En los extremos ideológicos de los países crecen partidos xenófobos, hipernacionalistas o con pulsiones totalitarias, todos ellos contrarios al ideal de la integración y temerosos de la globalización. No obstante, estamos a tiempo para que las sensibilidades moderadas tomen la iniciativa y refuercen el proyecto europeo. Habría que hacerlo pactando en dos direcciones que pueden parecer contradictorias. Por un lado, dando la razón a los que quieren que la UE se concentre en las tareas importantes y no aspire a regularlo todo. El sueño de un Estado europeo produce monstruos. La UE debe ser plenamente compatible con las democracias nacionales. Pero, por otro, es preciso reformar esta Unión sin kilos de más para que tenga un gobierno económico mejor, afronte con eficacia sus problemas urgentes –muchos originados fuera de sus fronteras– y sus instituciones representen mejor a los ciudadanos. La integración europea es el mejor invento político del siglo XX. La cuestión es renovarla para que siga siendo útil.

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