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El puente roto

Se han roto los puentes con Europa habiendo tanta gente durmiendo bajo ellos
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En última instancia, que ahora se ha convertido en la primera, será el Banco Central Europeo el que decida si mantiene o suspende la liquidez a los bancos griegos. La bancarrota también rompe muchas amistades y muchas conveniencias. Por eso Merkel y Hollande piden una cumbre de urgencia de la eurozona, antes de que el precipicio sea mayor, y Rajoy convoca a los responsables económicos para que analicen la cuestión. «Un ‘no’ da miedo», dijo Pedro Salinas, pero él hablaba de amor, no de intereses políticos. El rotundo ‘no’ griego en el referéndum no puede hacernos olvidar que la participación en las elecciones fue de un 63%. En pura democracia nadie puede negar que haya sido un triunfo, en la misma medida que una derrota del euro, pero lo grave es que se hayan roto los puentes con Europa habiendo tanta gente durmiendo bajo ellos.

También en otros muchos lugares la gente está harta de la dependencia de los mercados, pero eso no puede evitar el riesgo de colapso. Es compatible una victoria de la democracia con una derrota de los demócratas. Los antepasados de los votantes sabían que su gran invento aritmético era sólo un método, sin duda el mayor de todos, pero no una ideología. ¿Qué pueden hacer los griegos sin un puñetero euro ni un jodido dracma? «Quien no ha dinero no es de sí señor», que dijo alguien que no era filósofo, sino arcipreste, y no vivía en Mileto, sino en Hita. No se sabe si creía en Dios pero como buen español estaba convencido de que la Virgen María era la madre del Buen Amor, a pesar de ser un pícaro confeso. Era listísimo y disimulaba su hostilidad a los papas que siempre bendecían a los poderosos económicamente. Si viviese ahora, en vez de a principios del siglo XIV, se hubiese compadecido de los griegos, pero no de todos, sino de los que no podrán vivir debajo de un puente, porque se han roto todos y no hay pontífices que puedan repararlos.

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