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El reflujo del soberanismo

Lo más llamativo de esta evolución es la caída en picado del apoyo ciudadano a CiU
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La última encuesta del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat, confeccionada sobre una muestra de 2.000 personas, constata el derrumbamiento progresivo del proyecto político de Artur Mas y el declive de la pulsión independentista en Cataluña. En efecto, según este sondeo, CiU ganaría unas hipotéticas elecciones catalanas con entre 31 y 32 escaños, lo que significa que perdería un mínimo de 18 con respecto a las autonómicas de 2012, en las que obtuvo 50, y un mínimo de 30 con respecto a las de 2010, en las que obtuvo 62.

Paralelamente, ERC ha mantenido su trayectoria al alza, y hoy contaría con entre 30 y 31 escaños (en 2010 obtuvo 10 diputados autonómicos y en 2012, 21). En cualquier caso, CiU y ERC no consiguen conjuntamente ahora la mayoría absoluta del Parlamento catalán (68 escaños en una cámara de 135), que sí alcanzaron en 2010 y en 2012, con 72 y 71 asientos respectivamente.

Ello no obstante, el independentismo tendría la mayoría absoluta de la Cámara si se suma la CUP, que logra 10 escaños en la encuesta y cuyo líder, David Fernández, es por cierto el político más valorado de Cataluña.

Lo más llamativo de esta evolución es, sin duda, la caída en picado del apoyo ciudadano a CiU, en parte por el desafuero soberanista de su líder, Artur Mas, que ha desbordado la proverbial moderación de las clases medias catalanas, y en parte, también, por la incriminación de la familia Pujol en un destructivo caso de corrupción, que corona una secuencia indecente de venalidad que afecta a este partido, que ha ostentado el poder desde 1980 hasta hoy, con el único interregno del tripartito que gobernó entre 2003 y 2010.

Como se desprende de los datos apuntados, buena parte del voto perdido por CiU ha ido a parar a manos de ERC, pero en la última encuesta ya decae el voto conjunto que recogen ambas organizaciones, afines en el soberanismo, disímiles en casi todo lo demás.

Lógicamente, todo ello tiene su traducción en la caída del independentismo: si el «no» a la independencia alcanzaba en el último barómetro de 2014 el 45%, apenas 0,8 puntos más que el «sí», ahora el «no» llega al 48%, casi cuatro puntos por encima del «sí», que tan sólo alcanza el 44,1%.

La última encuesta del CEO registra también el poderoso ascenso de Podemos y de Ciudadanos, ambos con entre 16 y 17 escaños, que relega al PP al quinto lugar, con entre 13 y 14 escaños, y al PSC al sexto lugar, con entre 11 y 12.

El hundimiento del PSC- PSOE es sin duda la resaca de la deriva nacionalista del partido impuesta por Maragall. Y la sustitución del PSC por Podemos en el abanico de opciones ideológicas que maneja el electorado se constata a través del apartado de la encuesta del CEO que hace referencia al voto en las elecciones al Parlamento español, en la que Podemos gana claramente a CiU y se coloca en primera posición, como sucedía tradicionalmente durante toda la etapa de Jordi Pujol al frente de la Generalitat.

En definitiva, CiU y ERC ya no tienen mimbres con que dar credibilidad al engendro de las elecciones plebiscitarias que tramaban para el 27 de septiembre. No hay masa crítica soberanista, y ellos mismos pueden acabar enterrando el proyecto con un fracaso compartido si se mantienen las actuales tendencias.

Y Artur Mas, por su parte, ya no podrá ocultar la destrucción de sus propias siglas, si, en su obstinación, persiste en el dislate de adelantar las elecciones autonómicas en una especie de sonrojante suicidio político.

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