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El respeto a la ley

Si fue posible un pacto para lograr la Constitución del 78 no hay que descartar nada, pero siempre dentro de la ley
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El Rey recordó ayer en Barcelona la importancia y la trascendencia del respeto a la ley como norma de convivencia. Sin citarlo, fue una clara referencia a Artur Mas, a su lado, quien sí se dio por aludido cuando en posteriores declaraciones recordó que «nunca hemos vulnerado la ley». El mantenimiento de este principio es fundamental. Todo cambio debe hacerse por el principio de la legalidad. Intentar otro método es jugar con el caos y lo impredecible. La legitimidad de origen del actual régimen político es poco dudosa. A la muerte del dictador, la voluntad de una conciliación plena entre todos los actores políticos que no reabriera las heridas de la guerra civil sino al contrario, sirviera para cerrarlas definitivamente, era explícita y masiva. Está en las hemerotecas, en las bibliografías, en los ensayos de la época. Sobre aquellos mimbres, gestionados con inteligencia y dedicación por el Rey Juan Carlos, Adolfo Suárez y una larguísima lista de personas provenientes de la política y de los más variados escalafones, se erigió la Constitución de 1978. Hubo que arrancar uno a uno los acuerdos durante largas noches de insomnio de los legisladores hasta conseguirse un texto aceptado por todos: moderados provenientes de la dictadura, partidos del exilio, formaciones surgidas contra el franquismo, nacionalistas, etc. Si aquello fue posible no hay que descartar nuevos horizontes por utópicos que parezcan. Pero siempre con escrupuloso respeto a la ley.

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