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El segundo gran día de Carles Pellicer

El alcalde impone su vara. Junts per Reus sobrevive al empuje de ERC y PSC

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Pellicer, durante la noche electoral

Pellicer, durante la noche electoral

Carles Pelllicer apostó por una campaña personalista, como lo ha sido su estilo de gobierno. Y su victoria de ayer se ha convertido en la más personal de cuantas se recuerdan en unas elecciones municipales en Reus. Con un partido dando tumbos y una tendencia a la baja en todas las convocatorias electorales, Pellicer arrancó la friolera de 3.600 votos más que los cosechados por su formación en las elecciones generales de hace sólo un mes, gracias a los cuales ha sobrevivido al empuje de ERC y PSC. 

El alcalde ha impuesto su vara, porque su gran carta ha sido hacer de alcalde hasta el paroxismo. Cerca de diez mil reusenses se lo han reconocido. Más allá, sólo el pulso victorioso del otro CP (Carles Puigdemont) con la Junta Electoral Central ha venido a última hora en su ayuda.

Carles Pellicer vivió ayer su segundo gran día, tras la histórica victoria de 2011 que acabó con 32 años de hegemonía socialista en Reus. En 2015 su triunfo fue considerado pírrico, con siete escaños y la CUP pisándole los talones, pero cuatro años después, con los mismos concejales y un millar más de votos, el resultado sabe a gloria.

ERC vivió una noche agriculce; resultado histórico, pero por debajo de la expectativa

El aroma de la historia, el de la antigua tradición republicana de la ciudad, sobrevolaba Reus desde el pasado 28 de abril, cuando ERC se impuso por primera vez en unas elecciones generales. Los casi 13.000 votos cosechados le situaban con opciones reales de ganar la alcaldía 85 años después, pero el resultado ha sido agridulce.

Noemí Llauradó ha logrado triplicar su representación en el Ayuntamiento y situarse por primera vez como segunda fuerza en unas municipales desde la recuperación de la democracia. Para comprender la magnitud del guarismo, también hay que mirar atrás, porque los seis concejales representan doblar el mejor resultado obtenido en la ciudad. Pero en política, las expectativas cotizan tanto o más que los datos fríos, por lo que las celebraciones republicanas convivían ayer con las cábalas de porqué más de cinco mil personas han cambiado de ERC a otra en cuatro semanas. Sin duda, un comportamiento digno de estudio.

La evolución del escrutinio también alteró un poco el paladar del PSC. Durante el primer tercio del recuento, los socialistas fueron por delante, gracias a que las primeras mesas contabilizadas correspondían a algunos de sus feudos tradicionales, y al final, también se vieron sobrepasados por ERC por sólo un centenar de papeletas. Pero eso no esconde la importante recuperación conseguida por la candidatura de Andreu Martín tras ocho años de travesía del desierto. Como en el caso de los republicanos, el gran éxito del 28-A abría todas las expectativas, pero los quince puntos menos de participación que han registrado las municipales respecto a las generales de hace un mes probablemente han penalizado a los socialistas.

A la vista de los resultados, la ciudadanía ha votado sustancialmente diferente el 28-A y el 26-M, lo que despeja una de las incógnitas que había despertado este extenuante ciclo electoral: los electores votan en clave distinta en función de si escogen al alcalde o al presidente del Gobierno, por muy cercanas en el tiempo que se encuentren ambas convocatorias y por mucho que el conflicto político que vive el país las condicione.

Hubo un tiempo, antes de suicidarse preventivamente en Reus, que Cs figuraba entre los posibles outsiders de cara a las municipales. La factura de la división se ha traducido en un concejal menos y ha agravado los síntomas de retroceso experimentados desde que el partido naranja tocara el cielo en las autonómicas de 2017.

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