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Opinion EDITORIAL

El 'síndrome' Martí Barberà

El catalanismo moderado anda a la deriva, huyendo del Govern ante la que se avecina y apuñalándose en las esquinas. Es lógico que el radicalismo se haya apoderado del timón

Diari de Tarragona

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El nombramiento como director general de Infancia del ex diputado de Unió ha provocado chispas en los independentistas.

El nombramiento como director general de Infancia del ex diputado de Unió ha provocado chispas en los independentistas.

La hostilidad con que ha sido acogido el nombramiento de Martí Barberà como nuevo director general de Atenció a la Infància i Comunitat Educativa es la primera demostración de las dificultades que tendrá la recomposición del centro-derecha catalanista y moderado en Catalunya una vez que la tensión creada por el procés eclosione y dé paso a una inevitable recomposición de fuerzas en el nuevo escenario, muy difícil de imaginar que sea una república independiente, pero aunque así fuera, hay un espacio de centro-derecha catalanista que nunca se sentirá representado por el PP y que es de suponer que no desaparecerá, pase lo que pase con el procés. Es comprensible que la incorporación de Barberà haya enojado a ERC y a los sectores nítidamente independentistas del PDeCAT y por descontado a la CUP, formación que circula en las antípodas del ex diputado de Unió. Lo que no es lógico es que suscite el rechazo de Demòcrates de Catalunya y de Units per Avançar, incipientes fragmentos que intentan resurgir de los escombros del finiquitado partido histórico de Carrasco i Formiguera.  Además de Martí Barberà quedan muchos otros valores de la política municipal con el sello de Unió que buscarán, si no lo han hecho ya, nuevo acomodo para seguir desarrollando su desempeño en los ayuntamientos. Algunos es posible que reaparezcan en las filas de Demòcrates o de Units per Avançar, pero habrá otros que, como Martí Barberà, busquen acomodo en el PDeCAT. En este caso concreto, la reubicación tiene una lógica aplastante si tenemos en cuenta que Barberà lleva más de una década colaborando en el gobierno de Valls, codo con codo con el alcalde Albert Batet, bien situado en estos momentos en los centros de poder del PDeCAT en el Cap i Casal. El puzzle de la política catalana tiene muchas piezas por resituar. Algunas no encajan ni encajarán, pero el espacio catalanista moderado anda a la deriva, huyendo del Govern ante la que se avecina y apuñalándose en las esquinas sin esperar la noche. Es lógico que el radicalismo se haya apoderado del timón.

 

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