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El sol ya no es de todos

Multitud de pequeños consumidores han invertido para aprovechar el Sol

Juan Gómez Jurado

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Mirenlo, ahí arriba, en el cielo. Bueno, mejor no lo miren, porque es peligroso, pero ya me entienden. Lleva con nosotros 4.650 millones de años y le quedan otros 7.500 millones. A pesar de que la estrella alrededor de la que orbitamos no pertenece a nadie, parece que hay interés en que no sea así.

El Consejo de Ministros aprobó la semana pasada el decreto que regula las condiciones administrativas, técnicas y económicas del autoconsumo de energía eléctrica, que principalmente afecta a la solar y que incluye una serie de cargos, cuyos detractores conocen como ‘impuesto al Sol’. Dice el Gobierno, en palabras del ministro de Industria José Manuel Soria, que la idea que subyace detrás del decreto es «impulsar» la cercanía entre la producción y la generación de electricidad. También supone, según el ministro, un «nuevo impulso a las renovables», aunque nadie parece compartir esa opinión. Ni las asociaciones de energías renovables, ni los consumidores, ni los partidos de la oposición. Multitud de pequeños consumidores han invertido enormes cantidades de dinero para reformar sus instalaciones y aprovechar la energía solar, que para algo está.

Dice el ministro Soria que «de lo que se trata es de decir al consumidor que está muy bien el autoconsumo, pero cuando va a utilizar la red que pagamos entre todos también tiene que contribuir porque, si no, los demás estaríamos pagando una parte del autoconsumo». Pues claro, ministro. De eso se trata. De ir dando pasos en la dirección adecuada y favoreciendo a aquellos que optan por una energía más limpia, incluso aunque tengamos que pagarlo los demás. Porque no es cuestión de dinero, o eso quiero pensar, sino de cuidar el lugar en el que vivimos todos.

El propio papa Francisco exhortaba en junio –en su encíclica Alabado seas– a los gobernantes de los países más poderosos a cambiar de actitud respecto al calentamiento global y al empleo de combustibles fósiles. Ya que «han contribuido al cambio climático y a la pobreza por el uso desproporcionado de los recursos naturales». Jorge Mario Bergoglio proponía un cambio radical de estilo de vida para evitar que la Tierra se siga convirtiendo «cada vez más en un inmenso depósito de porquería». Eso incluye pensar en el largo plazo, en el futuro, no en lo que van a pensar los señores de consejos de administración afines. España es un país privilegiado para poder utilizar la energía solar, y merece la pena que nos pongamos manos a la obra y hagamos un esfuerzo para que el planeta sea un lugar habitable para nuestros nietos. Por el camino que vamos, no parece que eso vaya a suceder, y medidas como la que ayer aprobó el Gobierno desde luego no van por el camino adecuado.

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