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Opinion EDITORIAL

El trágico final de un mal banquero

Últimamente, Blesa no podía acudir a un restaurante ni podía dejarse ver en público sin recibir insultos y amenazas por parte de la gente que le reconocía.

Diari de Tarragona

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A la espera de los resultados de la autopsia, el  más que probable suicidio del ex presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa en una finca de caza de un amigo al que rescató de la bancarrota, es un hecho dramático que afecta todas las fibras compasivas del ser humano. Por mucho que se haya detestado al personaje, puede llegar a comprenderse su sufrimiento depresivo al descender desde el olimpo del poder y de la gloria a los infiernos del escarnio, la reconvención y el castigo. Últimamente, Blesa no podía acudir a un restaurante ni dejarse ver en público sin recibir insultos y amenazas. Hombre arrogante, acostumbrado a mandar, seguro de su impunidad en la arbitrariedad, probablemente no ha resistido que la sociedad, implacable como el estado de derecho, haya decidido exigirle cuentas y responsabilidades, aunque los testimonios de sus amigos aseguran que su apariencia no denotaba ningún abatimiento y que confiaba en evitar su regreso a prisión. Alguno, al asistir a la tragedia, sentirá quizá la tentación de pensar que los correctivos de nuestra legislación son excesivos, que el sistema debió haber sido más compasivo con el transgresor aun a la hora de castigarle, que deberíamos construir un régimen penal más humano. Es muy lícita sin duda la bonhomía del espectador alejado, una institución en este país de voyeurs, pero no deberíamos engañarnos: este sino macabro es consecuencia de una cierta manera de manejar el albedrío propio, es una elección personal del infortunado, que olvidó que nuestros sistemas de convivencia tienen reglas, y que quien las transgrede se expone a un cúmulo de desgracias tasadas y reglamentarias. Es doloroso el trance del hombre, del ser humano, pero cuando asoma la piedad en el juicio hay que tener en cuenta que cuando los poderosos violentan la legalidad dejan también detrás de sí muertos y heridos, reales o figurados, pero dolientes en todo caso. Descanse Blesa en paz pero sirva de ejemplo lo ocurrido a quien sienta la inclinación de seguir su estela. Ha sido un trágico final de un mal banquero.

 

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